miércoles, 2 de julio de 2008

Ingleses en la Triple Alianza

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira.
“El conocimiento inútil”, Jean-François Revel,


La era de la información que vivimos posibilita que estemos enterados de cualquier hecho que acontezca en la parte más remota del planeta, prácticamente al instante del suceso. Por otro lado, el mundo, debido al avance del conocimiento, debería estar mejor que nunca, pero no es así. ¿Será, como expresa Jean-François Revel, que la fuerza de la mentira es la responsable?
La historia que nos enseñan, o que aprendemos por voluntad propia, es generalmente política, de ahí que la mayoría de las veces se encuentre distorsionada, favoreciendo o atacando a una figura, o causa. Por eso es súmamente importante estudiar la misma sin fanatismo, objetivamente, en fuentes apoyadas con sólida documentación. También, uno debe ser más cuidadoso en la interpretación de acontecimientos no contemporáneos, ya que la mentalidad de entonces es muy distinta a la de nuestros días.
Un suceso, muy doloroso para el pueblo paraguayo, que aconteció en el siglo XIX fue la Guerra de la Triple Alianza, constituyendo ésta prácticamente un holocausto para el pueblo paraguayo. Muchos trabajos se han hecho sobre la misma, pero poco revisionismo. La figura del mariscal Francisco Solano López hasta no hace mucho era una mala palabra en el Paraguay, recién en 1936 es reivindicado como héroe, junto al Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y a don Carlos Antonio López; de esta manera también se reivindica aquella gesta plagada de héroes y mártires.
Sobre esta guerra existe una profusa literatura en la cual acusan a Inglaterra de ser la gestora y beneficiaria de la misma. Personalmente disiento con esta postura, debido a ciertos hechos históricos que he podido apreciar en documentos que algunos historiadores han rescatado. No niego que hubo intereses de banqueros ingleses que influyeron en la contienda, como los Rothschild, pero es capital privado. A continuación voy a relatar la participación que le cupo al gobierno y algunos súbditos ingleses de aquel entonces.

La revelación del Tratado secreto
El 1º de mayo de 1865 se firmó el Tratado de Alianza entre el Imperio del Brasil, la República Oriental del Uruguay y la República Argentina, más conocido como “Tratado de la Triple Alianza”. Firmaron Rufino de Elizalde, por la Argentina; Francisco Octaviano Almeida Rosas, por el Brasil, y Carlos de Castro, por el Uruguay.
El mismo consta de un exordio, 18 artículos y un protocolo adicional. En el artículo 7º crean la Legión Paraguaya; en los puntos 10 y 11 determinan la libre navegación; en los 14 y 15 resuelven la indemnización que recibirán los aliados; en el 16 fijan los nuevos límites del Paraguay, una vez terminada la contienda; en el 17 la forma en que harán efectivas todas las determinaciones del tratado; y en el último acuerdan “mantenerlo en secreto hasta que el objetivo principal de la alianza se haya obtenido”.
El artículo 16 fijaba los límites de la siguiente manera: “(…) La República Argentina será dividida de la República del Paraguay por los ríos Paraná y Paraguay hasta encontrar los límites con el Imperio del Brasil, siendo éstos por la margen derecha del río Paraguay la Bahía Negra” (todo el Chaco paraguayo quedaba en poder de la Argentina). “El Imperio del Brasil se dividirá de la República del Paraguay, del lado del Paraná por el primer río abajo del Salto de las Siete Caídas, que según la reciente carta de Mouchez, es el Ygurey, y desde el Ygurey, y por él arriba, hasta encontrar sus nacientes. De lado de la margen izquierda del Paraguay, por el río Apa, desde su desembocadura hasta sus nacientes. En el interior por las cumbres de las sierras de Mbaracayú, siendo las vertientes del Este del Brasil, y las del Oeste del Paraguay, y tirándose de la misma sierra líneas las más derechas en dirección a las nacientes del Apa y del Ygurey”.
Del lado brasileño se respetaron estos límites a rajatabla; del lado argentino no prosperaron (en parte), gracias al laudo del presidente norteamericano Rutherford Birchard Hayes, que gobernó los EE.UU. de 1877 a 1880; como homenaje llevan su nombre un departamento del Paraguay y un club de fútbol.
Es de destacar que los antiguos límites entre la Confederación Argentina y el Paraguay, por diversos tratados (de navegación y límites) establecidos a partir del reconocimiento argentino de la independencia de nuestro país, en 1852, eran: el río Bermejo, en su confluencia con el Paraná; el río Paraná desde su confluencia con el Paraguay, quedando el territorio de Misiones en poder de la Argentina a pesar de las protestas brasileñas.
Debido a la infidencia de un ministro uruguayo los aliados apenas pudieron mantener el texto del tratado en secreto por poco más de un año, trascendiendo este documento a la opinión pública gracias al gobierno de Su Majestad Británica.
Pasó así: el embajador inglés en Montevideo, Mr. H.G. Lettson demostraba simpatías hacia la causa paraguaya, por este motivo le manifestó al ministro de Relaciones Exteriores uruguayo Carlos de Castro, uno de los firmantes del tratado, sus temores de que “el Imperio del Brasil y la Argentina quisieran polonizar el Paraguay” (o sea, que se lo repartieran), lo cual contrariaría la política de su país en el Río de la Plata. Para tranquilizarlo, Castro le entregó, confidencialmente, una copia del Tratado de Alianza más los artículos adicionales bajo la promesa de la más estricta reserva.
El inglés informa a su gobierno que tiene en su poder el texto del tratado y que había dado la palabra de no difundirlo. El primer ministro lord John Russell, al frente del gobierno británico, le contesta que al único que usted le debe lealtad es a su Majestad, por tanto le intima a enviar dicho documento. El 2 de marzo de 1866 fue elevado al Parlamento con una traducción al inglés, sin ningún comentario, sólo para información de los miembros. Inmediatamente trasciende a la prensa y el periódico “The Times” publica el Tratado, de esta forma el mundo se entera de las terribles cláusulas del mismo.
Al conocerse en el Paraguay este hecho, “El Semanario”, en la edición del 25 de agosto de 1866 rinde homenaje al jefe del gobierno inglés, lord Russell por haber publicado el texto. Entre otras cosas, el artículo expresa lo siguiente: “El señor conde de Russell ha hecho esta vez un gran servicio, no solamente a la gran causa (…) que sostiene el Paraguay, sino a la humanidad entera, publicando al mundo las miras depravadas y criminales de la Triple Alianza (…). Si alguna vez llegase a manos del Gran Político de Inglaterra nuestra humilde hoja, desearíamos que estas constancias fueran aceptadas como las expresiones muy sinceras del agradecimiento que le tributa en nombre de la prensa paraguaya por el importante servicio que tan desinteresadamente ha prestado (…)”.

Ingleses que pelearon por el Paraguay
A principios de junio de 1865 llegó la cañonera inglesa “Dottorell” a Asunción, tenía la misión, encargada por su gobierno, de rescatar a los súbditos británicos que estaban trabajando en el Paraguay; para llegar a destino tuvo que romper el bloqueo naval que ya hacían efectivo los barcos brasileños; la nave era comandada por el capitán W.F. Johnson y viajaba a bordo Mr. Packernham, secretario de la legación británica en Buenos Aires.
Esta embarcación volvió a los pocos días sin ningún súbdito británico, porque los numerosos técnicos contratados que trabajaban en la marina, la fundición, los arsenales, etc., decidieron quedarse, absolutamente todos, y seguir la suerte del Paraguay.
Le cupo a este barco, en su retorno, rescatar náufragos de la batalla de Riachuelo, dieciséis en total, pertenecientes al “Marqués de Olinda”. También destacan las crónicas de la época las heroicas actuaciones de los maquinistas: Mr. John Watts, del “Tacuarí”, condecorado por el mariscal López, nombrándoselo “Caballero de la Orden del Mérito”; y Mr. George Gibson, del “Marqués de Olinda”. Otros ingleses, también maquinistas, que sufrieron graves heridas en esa batalla y murieron poco después son Bagster y Spivey.
Después de esta operación, el mariscal López mandó que se rindieran honores a los ingleses fallecidos en defensa del Paraguay e hizo construir un cementerio inglés. Otros apellidos que registra la historia de aquella época son Stanley, Mr. Valpy, Jorge Thompson. Este último cayó prisionero en 1868 y escribió la primera historia de “La Guerra del Paraguay”, en inglés; después de terminadala contienda volvió al país y se casó con una paraguaya, Francisca Haedo, con quien tuvo descendencia.
Párrafo aparte merece el Dr. Guillermo Stewart, jefe de Sanidad del Ejército paraguayo. Escocés de nacimiento, llegó a nuestro país en 1856 y entró en el servicio militar como cirujano, ascendido al más alto grado por su eficiencia fue médico personal de López durante la guerra. Organizó un sistema hospitalario e indujo al gobierno a traer otros médicos ingleses como ayudantes. Se cuenta que la rama sanitaria estaba mejor organizada en el Paraguay que en los campamentos brasileños y argentinos.
Otro inglés destacado, Lucas Cressor, conocido como el patriarca de los inmigrantes, falleció el 16 de diciembre de 1865 en Asunción. Había llegado en 1826, fue apresado por el Dr. Francia hasta 1831 en que le dio la libertad de volver al exterior, pero éste prefirió permanecer en el Paraguay. El había sido soldado de Wellington en la batalla de Waterloo.
El cronista de “El Semanario” hace constar que en julio de 1866, como parte de los festejos del natalicio del mariscal López, el cumpleaños cuarenta, los ingleses formaron parte de los mismos, entonando los himnos del Paraguay y de Inglaterra. El orador de la colectividad británica expresó en uno de los encuentros, que “los paraguayos se parecían en un todo a los ingleses, porque pelean por su patria, por su jefe supremo y por la libertad de la nación”.
Otro hecho que refleja “El Semanario” es la campaña paraguayista del prestigioso órgano de la colectividad inglesa “The Standard”, que se editaba en Buenos Aires, reproduciendo en varias oportunidades sus escritos; y del periódico “La América”, dirigido por Agustín de Vedia, en el que colaboraba Carlos Guido y Spano.
Queda a juicio del lector las conclusiones. Este trabajo sólo pretende hacer una pequeña reivindicación a los héroes de aquella gesta.


Bibliografía consultada:
“Hace 100 años”, de Efraím Cardozo, vs. tomos.
“La Argentina y el Paraguay”, de Liliana Brezzo. Corregidor, Bs. As. 1997.

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