domingo, 23 de julio de 2017

¿Y DÓNDE ESTÁ EL DICTADOR?

Estas cartas confidenciales entre el presidente del Paraguay y su par argentino, antes del gran conflicto que se desató pocos meses después (la Guerra de la Triple Alianza 1865-1870), cartas que vieron la luz por primera vez en 1865 al ser publicadas por el gobierno paraguayo en plena guerra, revelan algo muy interesante por el trato que se dispensaban ambos, sobre todo el que le daba el presidente Bartolomé Mitre al entonces brigadier general Francisco Solano López presidente de la República del Paraguay, y es que al leerlas uno no puede dejar de preguntarse ¿dónde está el dictador, el bárbaro, el sanguinario, el Atila de América, el Napoleón como algunos gustan llamar a López?, hasta un impresentable político paraguayo lo trata de Hitler; y fue justamente don Bartolomé Mitre el gran propalador de estas calificaciones junto al mayor esclavista de América, el emperador del Brasil, don Pedro II; quienes bajo estas infames acusaciones montaron aquella tragedia americana llamada Triple Alianza, hecha para “liberar al pueblo paraguayo de su tirano”, tal como afirmaban entonces y enseñan, al menos oficialmente, en los países de la alianza y en el mismo Paraguay: “La guerra no era contra el Paraguay, era solo contra López”.
Transcribo algo que suscribían los aliados en el famoso Tratado Secreto firmado el 1º de mayo de 1865, pero, como sabemos, cocinado mucho antes: “…Gobierno [el del Paraguay], que violando su territorio, tratados solemnes y los usos internacionales de las naciones civilizadas, ha cometido actos injustificables después de perturbar las relaciones con sus vecinos, por los procederes más abusivos y agresivos. Persuadidos de que la paz, seguridad y bienestar de sus respectivas naciones se hacen imposibles mientras el actual Gobierno del Paraguay exista, y que es una necesidad imperiosa, reclamada por los más altos intereses, el hacer desaparecer aquel Gobierno…”; en el artículo VI expresan: “Los aliados se obligan solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado al Gobierno actual del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio o convención cualquiera que ponga término o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos”. Y en el VII: “No siendo la guerra contra el pueblo del Paraguay, sino contra su Gobierno, los aliados podrán admitir en una Legión Paraguaya todos los ciudadanos de esa nación que quieran concurrir al derrocamiento de dicho Gobierno, y les proporcionarán los elementos que necesiten, en la forma y condiciones que se convengan”.
Bien, como verán mayor cretinismo imposible; el tiempo y los hechos demostraron que todo esto era falso.
Era necesario derrocar aquel Gobierno, no porque su presidente fuera un tirano o dictador, sino para así poder someterlo a voluntad y apoderarse sobre todo de sus territorios, tal como pasó con las tierras al norte y al sur del Paraguay, tal como acordaron luego de finalizada la guerra los dos aliados mayoritarios los límites con gobiernos títeres, con aquellos Legionarios, ahora en el poder, paraguayos ávidos de riqueza fácil, que acompañaron en la cruzada liberticida; era necesario firmar aquel tratado y llevar la guerra al Paraguay para destruir a una nación soberana y apoderarse de sus riquezas naturales; para ello no trepidaron en masacrar a casi toda la población, que curiosamente acompañó y se inmoló junto a su “tirano” gobernante, y lo hicieron porque sabían que no solo defendían su gobierno sino también su estilo de vida, su soberanía y libertad; libertad perdida luego de la guerra, ya que se volvieron parias en su propia tierra.
Y la función de la prensa porteña, carioca, charrúa, y guaraní posguerra, afín al poder de entonces y a la historia oficial en el tiempo, nunca ha cejado en difamar al héroe epónimo que murió sin rendirse el 1º de marzo de 1870, día en que se puso también término a aquella guerra, echándole la culpa a este de todo lo sucedido.
Pero veamos lo que decía el presidente argentino Bartolomé Mitre en algunas de sus confidenciales cartas, la Nº 16 de este libro, del 2-1-1864 (las mayúsculas son mías): “Por lo expuesto verá V.E. que estoy muy distante de negar a la República y al Gobierno Paraguayo el derecho que pueda tener en casos dados a influir de alguna manera en los sucesos que puedan desenvolverse en el Río de la Plata; Y CREO MÁS AUN QUE SU INTELIGENCIA POLÍTICA CON SUS GOBIERNOS HA DE CONTRIBUIR EFICAZMENTE AL MANTENIMIENTO DE SU PAZ Y AL CULTIVO DE SUS BUENAS Y FECUNDAS RELACIONES INTERNACIONALES.
“V.E. se halla bajo muchos aspectos en condiciones más favorables que las nuestras, A LA CABEZA DE UN PUEBLO TRANQUILO Y LABORIOSO QUE SE VA ENGRANDECIENDO POR LA PAZ, y llamando en este sentido la atención del mundo, con medios poderosos de Gobierno que saca de esa misma situación pacífica; RESPETADO Y ESTIMADO POR TODOS LOS VECINOS QUE CULTIVAN CON ÉL RELACIONES PROFICUAS DE COMERCIO; su política está trazada de antemano, y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, PUES COMO LO HA DICHO MUY BIEN UN PERIÓDICO INGLÉS, DE ESTA CIUDAD, V.E. ES EL LEOPOLDO DE ESTAS REGIONES, CUYOS VAPORES SUBEN Y BAJAN LOS RÍOS SUPERIORES ENARBOLANDO LA BANDERA PACÍFICA DEL COMERCIO Y CUYA POSICIÓN TANTO MÁS ALTA Y RESPETABLE, CUANDO SE NORMALICE ESE MODO DE SER ENTRE ESTOS PAÍSES”.
En la Nº 2: “…asegurándole a mi vez que cualquiera observación que V.E. halle conveniente hacer sobre la materia, tan importante a la felicidad de nuestros respectivos países, será recibida por mí con toda la consideración y ALTO APRECIO QUE SIEMPRE LE HE PROFESADO, DESDE QUE TUVE EL HONOR DE CONOCER A V.E. EN OCASIÓN QUE PRESTABA UN SERVICIO TAN SEÑALADO AL PAÍS DE MI NACIMIENTO Y DE LO CUAL CONSERVO EL MÁS AGRADABLE RECUERDO”.
Aquí, el servicio señalado, se refiere a su intervención como mediador en el Pacto de San José de Flores, firmado el 11-11-1859, una mediación trascendental para la historia de la República Argentina donde todos, absolutamente todos, destacaron y felicitaron a F. S. López en su momento, pero que luego la historia oficial mitrista se encargó de minimizar y ningunear los denodados esfuerzos por la paz hechos por el entonces ministro paraguayo; claro, una figura de López pacífica y conciliadora no convenía a la historia que habían inventado sobre el prócer guaraní. Un detalle, Mitre en este párrafo se refiere a la Argentina como “el país de su nacimiento”, no dice mi patria o mi nación; extraño, ¿no?
Y en la carta Nº 4, del 16-5-1863, Mitre se expresa así: “…Al terminar esta carta debo dar a V.E. las más expresivas gracias por la jenerosa protección y por los eficaces e importantes auxilios que ha prestado al vapor “Gran Chaco” destinado a la navegación del Bermejo. Ellos HONRAN TANTO AL ILUSTRADO GOBIERNO DE V.E. como el país que tiene en sus arsenales los valiosos elementos con que cuentan los del Paraguay. Aunque los auxilios han sido prestados a una sociedad particular, ELLOS EMPEÑAN LA GRATITUD DEL PUEBLO ARGENTINO, PORQUE HAN SIDO PRESTADOS A UNA EMPRESA DE UTILIDAD PÚBLICA Y A UN BUQUE QUE LLEVA SU BANDERA. Muy agradable me sería en todo tiempo poder acreditarle cuanto estimo este auxilio por parte de V.E. hecho con tanta caballerosidad”.
Es de notar que cuando se recuerda la historia de aquella guerra, por estudiosos o gente no muy preparada en el tema, siempre sacan a relucir el papel que le cupo a Francisco Solano López, apareciendo este como el responsable de la misma, o se discute su figura, a favor o en contra, etc.; pero nunca o casi nunca se tocan el papel del presidente argentino Mitre, de Sarmiento o el del emperador brasileño, Pedro II; siendo que son ellos los responsables directos del gran conflicto. Por ejemplo, nunca se habla que Mitre, que se autoproclamaba falsamente neutral en el conflicto, primero brasileño-uruguayo luego brasileño-paraguayo, llevó a su país a una guerra de cinco años, con miles de muertos, por el oro que puso en sus manos el Gobierno del Brasil, ya que estos fueron los grandes avalistas, del dinero que surtía la Banca Rothschild, financista oficial del imperio brasileño; así vemos cómo Mitre ayudó a destruir un país que nunca le fue hostil, todo lo contrario; primero facilitándole al imperio la logística para que pudiera invadir el Uruguay y destituir a su gobierno y luego el libre tránsito de los barcos de guerra por sus ríos interiores para bloquear al Paraguay, además de permitirle a estos que establecieran en el Litoral argentino sus parques de guerra; a esto Mitre llamaba  “neutralidad”. Tampoco se habla del emperador brasileño, el mayor esclavista ya no de América sino del orbe, nunca se cuenta del genocidio que cometieron los brasileños en aquella guerra: asesinatos de chicos, de mujeres, degüellos de prisioneros, saqueos de la ciudad, se llevaron-robaron prácticamente todo el Archivo Nacional del Paraguay, la documentación oficial desde su fundación. ¿No era que la guerra era solo contra su Gobierno, contra el tirano? ¡Patrañas!
También podemos leer algo de lo que nos dice don Hipólito Sánchez Quell en su obra “Los 50.000 documentos paraguayos llevados al Brasil”, editado en Asunción por la imprenta Comuneros en 1976; un trabajo de investigación hecho en la Colección Rio Branco que está en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro: En este breve párrafo se podrá apreciar el artero accionar del presidente argentino y la falsa neutralidad, que tanto proclamó:


La complicidad del presidente argentino Bartolomé Mitre en la revolución del uruguayo Venancio Flores se hace manifiesta con el envío constante de armas y municiones al ejército invasor. Los riograndenses general Netto, general Osorio y barón de Porto Alegre –fazendeiros, cuatreros y contrabandistas– presionan al gobierno brasileño para intervenir en el Uruguay y colocar un gobierno títere. El consejero Saraiva llega a Montevideo y presenta una serie de reclamaciones sobre daños y perjuicios sufridos por sus compatriotas. (…) Aplastado el Paraguay, le impusieron arbitrarios límites. El Brasil le arrancó su territorio desde el río Ygurey hasta la cordillera de Mbaracayú y desde el río Blanco hasta el río Apa (62.325 kilómetros cuadrados). La Argentina le arrancó desde el río Bermejo hasta el río Pilcomayo y desde la Sierra Grande de las Misiones hasta el río Paraná (94.090 kilómetros cuadrados). (…) José Mármol afirma: “La alianza con el Brasil no proviene de abril del 65 sino de Mayo del 64. Desde la presencia del Almirante Tamandaré en las aguas del Plata y de los generales Netto y Menna Barreto en las fronteras orientales, se estableció la verdadera alianza de hecho entre los gobiernos brasileño y argentino”. Saraiva expresa que preparó “las alianzas del Brasil contra el Paraguay, lo que conseguí, pues dichas alianzas se realizaron el día en que el ministro brasileño y el argentino (Elizalde) conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario (junio del 64), y no el día en que Octaviano y yo como ministro de Estado, firmamos el pacto”. Paranhos dice: “El pensamiento cardinal de las instrucciones que yo recibí, era el obtener una alianza con el gobierno argentino, tomándose por base el elemento oriental representado por el general Flores, para pacificar la República y resolver las cuestiones pendientes”. Y Díaz Vieira, ministro de Relaciones Exteriores del Imperio, en comunicación confidencial a Paranhos, le decía que confiaba en que sacaría todo el partido posible, “interesando en la lucha al gobierno argentino más cuanto que parece que ese gobierno no podrá por mucho tiempo conservarse en la posición de neutralidad imperfecta que desea”.

Claro, como la mentira tiene patas cortas, en cuestiones de historia es necesario repetirla incesantemente amén de imponerla por decreto oficial, lo políticamente correcto, siendo esta la única forma de que perdure en el tiempo y logre agachar cabezas.
Pero bien, estas cartas confidenciales son solo un aporte a la historia, a la cultura y a la inteligencia, y aunque sabemos que esta pequeña obra no es más que una gota en el océano de mentiras, en el que se encuentran cómodos aquellos a los que solo les importa su pasar, su ego y algún que otro puestito bien rentado con que les suelen premiar a los falsarios que alaban a descendientes y continuadores de los liberticidas, esta pequeña gota, creemos, hará que estos salgan de su spa de engaños al menos por un rato.
Para concluir, una reflexión, ¿alguno de sus apologistas, alguna vez, podrá explicar cómo es que Mitre primero llamó a López en una de sus cartas “el Leopoldo de estas regiones”, y pocos meses después lo trató de dictador? ¿Quién cambió, Mitre o López? Personalmente, creo que ninguno de ellos cambió; porque López, como sabemos, siguió siendo el defensor de su patria, cabal, caballero y patriota hasta su épica muerte; mientras que Mitre nunca dejó de ser el gran tartufo, el gran mentiroso, organizador de fraudes electorales y embaucador político hasta el final de sus días, en que sacó a relucir su tardío arrepentimiento: era masón grado treinta y tres y abjuró de la logia poco antes de morir frente a dos obispos de la Iglesia Católica; el pobre anciano buscó salvar su alma, consciente de todo el mal que hizo en la vida, renunciando a satanás en el último instante; tal vez habrá pensado que no sea cosa que exista realmente el infierno y arda en él por toda la eternidad, por las dudas mejor convertirse, ¿no?; tal vez fue su última osadía: engañar al Señor. Y aquí la gran diferencia con otro nefasto presidente argentino también cómplice de aquella tragedia americana y socio ideológico de don Mitre, también masón, el gran civilizador que quería exterminar a los paraguayos hasta en el vientre de la madre, el gran sanjuanino, un adelantado abortista de su tiempo y otras linduras, que se mantuvo ateo hasta la sepultura no aceptando los auxilios religiosos del humilde sacerdote que le habían traído, él prefirió irse al infierno directo y sin escalas, eso es coherencia de vida.
Bien, en estas cartas el lector encontrará muchas cosas más y podrá apreciar al múltiple don Bartolo en toda su maquiavélica plenitud.

EL ALGODÓN PARAGUAYO EN ÉPOCAS DE LÓPEZ

Hace un tiempo se escucha decir y repetir que la razón de Inglaterra para arruinar al Paraguay era para apoderarse de su algodón, debido a la falta de este por la Guerra de Secesión, en USA; una idea bastante descabellada, ya que nuestro país tenía como primer comprador a la Gran Bretaña, y si ellos querían no tenían más que comprárnoslo. Pero los que insinúan esto no conocen o se cuidan de decir cuál era la producción de nuestro país en esta materia. Aquí como verán, Du Graty, relata cuáles eran nuestros rubros de exportación en 1860, y el algodón no está entre ellos, pero sí nuestro gobierno tenía en vistas hacer plantaciones extensivas justamente para exportar debido a la escasez producto de la citada guerra civil norteamericana y las buenas perspectivas que había por el alza de los precios. Y lo más incoherente de todo esto, es que si los ingleses necesitaban desesperadamente el algodón que no tenían producto de una guerra, ¿justamente iban a armar otra guerra para conseguirlo? No tiene sentido.
Otro punto que no comentan, o no conocen, es que el Brasil hasta entonces y siempre, tuvo inmensas plantaciones de algodón, era un cultivo en el que no tenían rival en Sudamérica; entonces, fácil es darse cuenta que si el Paraguay entraba a competir en este rubro, máxime con un algodón de calidad, a los que iba a molestar es a los exportadores y terratenientes brasileños, no a los ingleses; y esta sí puede ser una razón más, y de peso, para que el imperio del esclavista Pedro II decidiera aniquilar al Paraguay. Pregunto, ¿alguien sabe qué pasó luego de la guerra con el cultivo del Paraguay, creció, desapareció, o hubo que esperar a llegar a mitad del siglo XX para que se volviera el oro blanco paraguayo? ¿Y cuando se convirtió en oro blanco, quiénes lo explotaban: brasileños o paraguayos?

“Resulta del cuadro precedente, que el valor de la exportación se compone en primer lugar de la yerba mate, y en segundo lugar del tabaco y de los cueros. Estos tres artículos han formado por sí solos, en 1860, cerca del 90% del valor total de la exportación. La sola yerba mate representa para ese año 65% del total del valor de los productos exportados.
Hasta ahora el Paraguay no exporta para Europa sino cueros; pero hay motivos para creer que dentro de poco serán objeto de un comercio de exportación importante para Europa diferentes productos naturales de su suelo y algunos de su industria agrícola. Entre los primeros, está fuera de duda que el caraguatá o jute, el cáñamo de la palmera Mbocaya, el achiote, el añil, la rubia y otras materias para teñir, y maderas de ebanistería, productos cuya calidad acaba de ser reconocida, encontrarían una colocación muy ventajosa. Entre los segundos, el algodón, el tabaco y el café deben citarse en primera línea. El gobierno del Paraguay siempre guiado por los verdaderos intereses del país, acaba de tomar medidas para fomentar el cultivo del algodón en ambas riberas del río. Ha comprendido que el momento era de los más favorables para desarrollar la producción de esa materia, que falta en los mercados europeos desde la lucha entre los Estados del Sur y del Norte de la Unión Americana. La alza del precio del algodón permitirá fácilmente al Paraguay hacer concurrencia al de otras procedencias, y aun cuando ese artículo volviese a tomar más tarde el valor que tenía antes de esas discusiones, fácil es comprender que una vez establecidas en el Paraguay grandes plantaciones de algodón, y hecha esta materia un artículo de exportación, si una baja de precio viniese a tener lugar, no tendría bastante influencia para paralizar esa industria, que no tenía necesidad sino de una ocasión como la que se presenta para hacer comprender todas sus ventajas. Aun suponiendo que el algodón pueda descender al bajo precio de un franco la libra en los mercados europeos, los agricultores encontrarían todavía un beneficio muy satisfactorio en el cultivo del algodón.”


Fuente: “La República del Paraguay”, Alfredo M. du Graty, 1862, p. 349-51.

miércoles, 5 de abril de 2017

LA PRENSA NO ES EL CUARTO PODER, ES EL PODER

“Tan hábil fue la mistificación, que algunos emigrados se alistaron en las filas libertadoras, convencidos de que no iban contra la patria, sino contra un gobierno que detestaban. Así nació la famosa Legión Paraguaya...”.

Juan E. O’Leary

“La primera de las grandes fuerzas que mueven al mundo es la mentira“.
Jean-François Revel, "El conocimiento inútil”.



De prosperar el juicio político al actual presidente, no sería la primera vez que destituyen un gobierno antes de cumplir su mandato, con engaños a la población. Los más fáciles de recordar son los dos últimos Grau y Lugo, destituidos vía juicio político, correctos en la forma pero carentes de argumentos constitucionales para llevarlos adelante.

Pero para los que conocen un poco de historia recodarán que hubo otro que echaron también con engaños. Me refiero al gobierno del coronel Rafael Franco, que sin bien fue de facto, tiene su justificación en que llegó producto de una revuelta realmente popular y ampliamente justificada, en que defenestraron a un gobernante perteneciente a un partido que llevaba más de tres décadas consecutivas en el poder, un régimen seudodemocrático, donde no existían candidatos de partidos opositores, donde elegían a su candidato entre un selecto grupo en un selecto club; bien, mucho hay para contar de aquellos tiempos; lo cierto es que en febrero de 1936, posguerra, la oficialidad y civilidad se aglutinó tras una figura, el coronel Rafael Franco, héroe de guerra y persona de conducta intachable, para sacarse de encima al anquilosado y corrompido partido.

Es así que, por abrumadora mayoría, a Franco lo obligaron a sentarse en el sillón presidencial, y este, al no tener más remedio que aceptar el cargo, siendo una persona de carácter ejecutiva como era, llevó adelante una gestión que atacó en todos los frentes las necesidades de la población y República: irreductible posición en defensa de los límites que nos correspondían en el Chaco por derecho y sangre; una reforma agraria que hizo propietarias a más de diez mil familias a la vez que solucionó viejos problemas de colonias que estaban en manos de señores feudales, comprándoselas y otorgándoselas en propiedad a sus verdaderos ocupantes; la defensa de los nativos, la salud con la creación de hospitales, los derechos de los trabajadores, etc. Y podemos decir con absoluta certeza que nunca el país, la nación paraguaya, después de 1870 hasta ese momento tuvo un gobernante tan capaz y honesto (podemos transar solo con el Dr. Eligio Ayala); tanto que dejó en las arcas del Estado paraguayo mucho más respaldo monetario que el que tenía antes de empezar la contienda chaqueña en 1932, en solo un año y seis meses, que los otros tardaron tres décadas.

Sin embargo, fue defenestrado a los dieciocho meses de asumido. ¿Y cómo fue posible hacerlo y la población no defendiera a ese gobierno tan brillante? Bien, las mentiras, el engaño estuvieron a la orden del día. Los viejos políticos, una minoría experta en manipulación, no cejó un segundo en acusar a aquel gobierno de los disparates más absurdos vía prensa interna y externa, la idea era desestabilizar y sobre todo NO PERMITIR LA VUELTA A LA NORMALIDAD DEMOCRÁTICA; que no se pudieran llevar a cabo elecciones libres, en las cuales podrían participar todos los partidos, hasta ese momento el Colorado, el Liberal y la nueva Agrupación Nacional Revolucionaria, liderada esta por la Asociación de Ex Combatientes, la ANEC. Por primera vez el Paraguay, en el siglo XX, iba a tener elecciones democráticas y un gobierno surgido de la voluntad popular, esto la clase política paraguaya no permitió.

Los ataques fueron in crescendo, una de las mentiras más grandes fue engañar al pueblo diciendo que el Acuerdo del 9 de enero de 1937 era entregar territorio a los bolivianos, luego el desacreditar permanentemente a los ministros, hasta repartieron volantes desde aviones, impresos en Buenos Aires, donde mostraban falsamente una parte del territorio que el gobierno pretendía entregar. Bien, la hago corta, la traición prendió en las filas del Ejército, y es así que una mañana del 13 de agosto de 1937 es derrocado el gobierno, puesto preso el presidente y los ministros, varios de ellos tuvieron que esconderse porque los buscaban para matarlos.

Así una turba, enardecida, recorría calles y casas en busca de “franquistas”.

Aquel derrocamiento fue un triunfo, sí, fue el triunfo de los señores feudales, de los comerciantes contrabandistas, de los usureros y especuladores, y de los más grandes corruptos que tenía entonces el Paraguay, y de una minoría de minorías, el Partido Comunista Paraguayo que apoyó aquel golpe y apoyó luego futuras dictaduras; y aquellos llamaron al gobernante caído ladrón y dictador, ¡qué ironía!

Como es fácil de ver y apreciar en el tiempo, aquel triunfo no fue un triunfo del campesinado, del obrero, del estudiante o del profesional. Hay crónicas de la época que refiere el Dr. Juan Stefanich en varias de sus obras, que realmente dan pena y rabia ver la forma que se manejaron y traicionaron los intereses de la Patria, de la República. Porque luego estos mismos actores, en menos de un año, julio de 1938, SON LOS ENTREGADORES DEL CHACO, de una riquísima porción de suelo reconquistado a sangre y fuego, de un territorio, miles y miles de kilómetros cuadrados, donde estaban enterrados miles de paraguayos; y esa entrega la cocinaron, como era su costumbre, entre medianoche y gallos, una madrugada del 9 de julio de 1938, en una sesión secretísima, que años después se descubrió gracias a una investigación del historiador Arturo Rahi. La gran mentira, el gran engaño, quedó al descubierto, pero ya era tarde.

Pero si aquel engaño para derrocar un gobierno decente parece enorme, resulta pequeño frente al que los ascendientes de estos bastardos hicieron al formar una legión y apoyar ejércitos extranjeros para apoderarse de la Nación y cercenar su territorio, porque aquella gran guerra no fue más que eso, simplemente otro golpe de estado, el derrocamiento de un gobierno que tenía el mayor respaldo popular, un gobierno auténticamente defensor de los derechos de sus ciudadanos y su soberanía, si no no se explica que prácticamente toda la población se inmolara en su defensa.

Claro, como los golpistas no tenían fuerza interna para llevar adelante sus deseos, apoderarse del Paraguay, entonces no titubearon en apoyar los espurios reclamos del emperador brasileño y del gobierno argentino, no sin antes llevar adelante una profusa campaña de mentiras de manera de preparar y concientizar a la población que había que liberar al Paraguay de su “dictadura”, y muchos cayeron en el engaño, miles; pero resulta que los dictadores eran ellos, ladrones y traidores de la primera hora, que acompañaron la masacre de la población, niños, ancianos, mujeres. Y todo esto por qué lo hicieron, ¿por patriotas? Seguro que no, esta palabra les repele.

Y hoy el Paraguay se encuentra frente a otra disyuntiva, frente a otra posible interrupción democrática; porque gran parte de la ciudadanía está reclamando un juicio político, azuzada por una prensa que a todas luces es parcial e informa engañosamente; por una prensa que tiene, en poderosos empresarios, sus intereses económicos y se ve que son contrarios a los del actual gobierno, una prensa que al igual que la prensa mitrista o la del imperio lusitano, un tipo de prensa que se instaló en el Paraguay posguerra al servicio de intereses propios y de corporaciones extranjeras, nunca al servicio del ciudadano o lector, ese tipo de prensa impulsa y fogonea a la población para que tome partido, población que cada día se enardece más y cuando se está enardecido sabemos que difícilmente se pueda ver claro, solo se quiere sangre, “justicia”, y que se haga su voluntad. Pero claro, luego, después que se hizo su voluntad, muchos se darán cuenta de su error y se arrepentirán. Pero a no preocuparse, porque rápidamente esa misma prensa hará que todos se olviden, y velará por la salud mental de la población ocupando las mentes con frivolidades, de manera que la próxima joven generación o la que sigue pueda caer nuevamente en el engaño.

Para finalizar aclaro, para las mentes de solo dos neuronas, me importa un bledo si el que está al frente del gobierno es un presidente del partido Colorado, Liberal o una Alianza, lo que me importa es que cualquiera que esté al frente, no importa el signo, termine su mandato; y que el que continúe sea elegido democráticamente, porque eso hace al crecimiento de un país.

martes, 4 de abril de 2017

DE REFORMAS Y ENMIENDAS

Observando la Constitución norteamericana, que tiene más de dos siglos (1787), vemos que ellos en todo este tiempo han hecho veintisiete enmiendas a la misma, siendo la última aprobada en 1992, pero el detalle y rareza de esta última es que se propuso en 1789, sí, más de dos siglos, una enmienda propuesta a dos años de su promulgación (se tomaron su tiempo los muchachos), y se trata nada más ni nada menos que de la variación de la remuneración de los legisladores (algo impensable por estos pagos, que todos los años se aumentan la dieta y la antidieta, los bocaditos).
Hay otra enmienda interesante de observar, la 22º, propuesta en 1947 y refrendada en 1951, en donde se limita a dos períodos la elección del Presidente, lo que quiere decir que desde 1787 ellos podían re-re-re-reelegirse indefinidamente (¡y después bastardeaban las dictaduras urbi et orbe!, la propuesta de ellos es “debes hacer lo que yo digo pero no lo que yo hago, no me conviene que hagas lo mismo”; claro que bajo cuerda siempre financiaron las de izquierda, una sutil manera de eliminar la competencia, pero esa es otra historia).
En 1919, con la enmienda 18º, establecieron la famosa Ley Seca, ley que muchas muertes causó ya sea por ingesta de alcoholes truchos o peleas mafiosas, amén de cirrosis y dolores de cabeza interminables, ley que a su vez generó un crimen organizado aumentando el poder de las familias mafiosas, además de la evasión multimillonaria de impuestos. Ley que recién fue derogada catorce años después (1933) con la enmienda 21º, tomándose casi un año para aprobarla (parece que Al Capone, los Corleone y otros eran grandes cabilderos).
—Y reformas, ¿cuántas hicieron?
—Ninguna.
—¡No me joda!
Sí, jamás hicieron una reforma constitucional. Por qué, porque el camino más directo, menos traumático, más económico y menos engorroso es la enmienda.
Los yanquis tienen una popular frase que suelen aplicar y dice: “hacela fácil y rápido tonto”, o algo así; viene a ser un principio de vida que tienen para todo, que les indica hacer todo más simple, no dar vueltas al asunto e ir por el camino más directo, no complicar las cosas; porque es de tontos y estúpidos complicarlas; y las estupideces cuestan muy caro.
Espero que este pequeño aporte sirva de algo en estos revueltos tiempos, aunque sé que es lo mismo que pretender apagar el incendio de un bosque arrojándole un vaso de agua; pero este vasito va dirigido a: los reformadores-deformadores, a los intelectuales del subdesarrollo, a los que no leen ni el almanaque y opinan como “Zaratustra”, a los ideologizados-endemoniados, y sobre todo a los intelectuales y periodistas pirómanos, que disfrutan ver cómo los idiotas útiles incendian el bosque.

lunes, 3 de abril de 2017

Cada pueblo tiene el gobierno que merece

El título es una vieja sentencia que pertenece a Joseph de Maistre, político y filósofo francés; que fue aggiornada un siglo después por André Malraux, otro pensador francés, de la siguiente manera: “La gente tiene los gobernantes que se le parecen”, que se me hace más atinada esta última, porque que nadie se merece un Castro, un Hitler, un Mao o un Maduro, como sería en el caso de la afirmación de De Maistre.
Pero bien, veamos si Malraux tiene razón.

En estos días hemos visto hechos de violencia en nuestro país, además de expresiones groseras, brutales, burlas, etc., en los redes virtuales, descalificando el accionar del actual gobierno, pedidos de juicio político por doquier y destitución; por otro lado, hay sectores políticos, periodistas e intelectuales que están fogoneando esta posibilidad y se puede apreciar una descontrolada violencia verbal; una agresividad rayana en la locura, colectiva.
Por otro lado, si nos remitimos al pasado reciente, el democrático, que arranca en 1989, casi tres décadas apenas, vemos que en el interregno, deberían haber habido seis presidentes contando al actual, pero no, hubo ocho, dos más; debido a la interrupción por juicio político y destitución a Grau y Lugo; dos juicios políticos formalmente llevados a cabo y sumarísimos, pero innecesarios, con el agravante que los cargos para llevar adelante dichos juicios fueron inconstitucionales.
En ambos casos la intolerancia política, apoyada por manifestaciones populares, hicieron posible estas interrupciones, o golpes de estado palaciegos; también con una complacencia pública general si se quiere.
Hoy día estamos asistiendo a hechos similares a los de 1999, una intolerancia exacerbada esta vez por las redes virtuales, algo que antes no se disponía; y se observa que muchísimas personas están deseosas de terminar con este gobierno antes de que cumpla su mandato; que en esto no está sola la oposición, que gustosa se presta a esto e incentiva, está también detrás una sociedad que mayormente se muestra intolerante.
De lograrse el juicio político sería la tercera vez en menos de tres décadas que se interrumpe un mandato presidencial y se cambia al titular sin motivos valederos, observación esta hecha con calma y a la distancia, lejos del calor de la refriega.
Observando un poco más atrás en el tiempo, antes de la llegada de Stroessner, también hubo un período anárquico en política; y más atrás también; y si nos remontamos a la década de 1870 y antes a partir de 1811, veremos que nuestro pueblo siempre tuvo un alto grado de intolerancia; y que el producto de esta intolerancia han sido prolongadas dictaduras. La primera del Dr. Francia, legalmente constituida en forma temporal y la segunda, también legal a perpetuidad; porque parecía que ya entonces no había otra forma de sujetar las pasiones e “intereses”; y el Paraguay tuvo la suerte de tener en aquel prócer a una persona proba, inteligente y capaz, tanto es así que logró consolidar los cimientos de la República y al fallecer dejó un erario fuerte, un ejército formado, un país sin anarquía y un concepto de soberanía muy arraigado en el pueblo con incipientes instituciones pero fuertes. Luego vino un interregno breve, no exento de algunas escaramuzas políticas, también tuvimos la suerte de tener a un estadista como Carlos A. López, por dos décadas; un gobierno constitucional pero no exento de autoritarismo si se quiere, que a su muerte deja en el cargo a su hijo Francisco S. López; otro gran patriota y hombre preparado, que lamentablemente fue arrastrado a una guerra que terminó por destruir la riqueza y progreso acumulados durante más de medio siglo.
Y los que posguerra vinieron a gobernar, muchos de ellos hombres codiciosos y sin moral, traidores enrolados con el ejército extranjero, carroñeros de los restos de la Nación, autoritarios sin autoridad, autoproclamados falsamente democráticos y constitucionalistas, tampoco pudieron sostener o contener a aquel pueblo, y es así que hubo, 18 presidentes desde 1870 hasta 1904; 28 de 1904 a 1940; 8 de 1940 a 1989, y 8 de 1989 a la fecha. Salvo el interregno de Morínigo y Stroessner, que juntos suman 43 años y restando este tiempo al período que va de 1870 a la fecha nos da que en 104 años hubo 60 gobernantes, o sea un promedio de 1 presidente cada año y medio, más o menos.
Para terminar, luego de este breve análisis, no quedan dudas que Malraux tenía razón: tenemos los gobernantes que se nos parecen.
Así que, como del axioma malrauxiano no se puede escapar, lo que se impone, si queremos tener mejores gobernantes, es ser como sociedad un poco mejores, ser más tolerantes; y también entender que el cambio no es colectivo, que el cambio empieza en cada uno. Por ejemplo, si vas a dar tu opinión en un foro virtual sé respetuoso, no insultes a nadie, piensa antes de escribir si lo que dices es correcto o no, si la información que das está chequeada; y si vas a una plaza a manifestarte no lleves palos ni piedras, menos combustible; no quieras destruir nada, no hagas berrinches; respeta a las fuerzas de seguridad que están allí para preservar no para reprimir; sé coherente, no te dejes manipular, infórmate si lo que lees en los medios es verdad o no, estudia; y, sobre todo, piensa que el otro, el que opina distinto, es una persona con los mismos derechos que tienes tú a dar su punto de vista y que no hay porqué enojarse por ello. Y cuando hay comicios, aparte de no vender tu voto, piensa a quién se lo vas a dar, no mires solo el color y vota un proyecto no un mesías.

domingo, 2 de abril de 2017

NO SE PACIFICA EXIGIENDO

Solo soy un observador, a la distancia, que intenta razonar y analizar lo que está pasando, que lamenta ver todo lo que está sucediendo actualmente en el Paraguay, y que dentro de la tormenta trata de ver con calma las cosas, que es la única manera de entender: con calma, sin gritos, insultos ni amenazas.
Estas reflexiones surgen porque hace unos momentos vi en internet, Facebook, que el equipo político de Avanza País, encabezado por el intendente Mario Ferreiro, se reunió en el local del PRF, en Asunción, y acordaron al culminar la misma los siguientes puntos, que textualmente dicen:

“• exigimos inmediatamente el retiro inmediato [sic] del proyecto de enmienda que ha generado este estado de crispación en la Republica, como único camino para la pacificación.”
“• expresamos nuestras condolencias a la familia de Rodrigo Quintana, asesinado por fuerzas policiales en el local del PLRA.”
“• acompañará una delegación el sepelio del joven en La Colmena.”
“• las organizaciones se mantienen movilizadas.”

Bien, sobre el primer punto, los otros no hay nada que discutir, me suscitaron las siguientes reflexiones, que espero se entiendan, como dije antes, con calma.
Por un lado veo que el fin de la reunión es buscar la "pacificación social"; y por otro "exigen inmediatamente el retiro del proyecto de enmienda"; noten que no piden, sino que "exigen". O sea que esta llamada a la "pacificación" pasa porque se haga la voluntad de ellos; lo que entra en clara contradicción, porque si se quiere “pacificar” hay que acordar, no “exigir” en forma irreductible; así me parece que no se va a ningún lado; porque además cualquier exigencia sin contrapartida suena a amenaza.
Muy bien, entonces pregunto, ¿qué pasa con los otros grupos o sectores que piensan en contrario, que creen que la enmienda es válida y que desean la posibilidad de reelección? ¿Acaso ellos no pueden también “exigir” de la misma manera que lo hacen ellos?
Entonces, ¿qué debe hacerse?, ¿cuál es el camino correcto?
¿Se realiza la voluntad de una de las partes, sin más?
¿Se retira la enmienda y queda contento un sector y el otro qué?
¿Creen que así se va a “pacificar” el país?; me parece que no, todo lo contrario.
Se entiende que al estar en una democracia, cuando dos posiciones no se ponen de acuerdo simplemente SE VOTA, para eso está el sistema democrático; más allá de la división de poderes, el dirimir en votaciones es el principio básico de la democracia, que permite vivir en paz a unos y otros, que nunca van a estar de acuerdo en todo, todo el tiempo. Porque lo que hoy no acepta uno, mañana será el otro el que no lo va a aceptar, y viceversa; lo que hoy uno acepta mañana puede cambiar; y eso pasa todo el tiempo en política.
Creo que antes que exigir retirar nada, me parece que un buen llamado a la pacificación sería dirigirse a los ciudadanos, pedirles calma, que no se dejen llevar ni arrastrar por la violencia por más injusto que consideren los hechos, que permitan que las instituciones funcionen, mal o bien; podrían hacer un llamado a los legisladores para que vuelvan a reunirse en la Cámara y debatir el tema como debe ser, que se tomen el tiempo que necesiten, que por favor no se agredan, no se insulten, y luego que se vote y se respete el resultado; porque los ciudadanos en democracia gobiernan por medio de sus legisladores, así lo marca la Constitución.
Pero por otro lado, así como están las cosas hoy, también veo que la posibilidad de rechazar la traumática enmienda o reelección sigue estando: aún falta la decisión de una Cámara, falta el referéndum; son las opciones que brinda el sistema, los comicios; y aunque todo esto se dé como el actual gobierno pretende, en 2018 también está la posibilidad de rechazar un nuevo mandato.
Pero si todo esto falla, señores, y HC es reelegido, aunque sea por 1 voto de diferencia, no creen que se debe respetar la voluntad popular de la mayoría. Lo contrario es caer en la anarquía, en el vacío, ir a manos directas de una dictadura; destruir lo poco, mal o bien, de democrático que tiene la República. Sería la imposición de minorías sobre mayorías y esto no es lógico, esto no es democracia.

Una disquisición. Creo que todo esto pasa, a mi modo de ver, porque tenemos una democracia renga con uno de los poderes, el Legislativo; porque sus integrantes son elegidos entre gallos y medianoche, padrinos mediante y parece que mucha plata corre para tener el puestito, mejor dicho “puestazo”; estos entran con listas sábana, y esto hace que lo más antidemocrático que hay en el Paraguay sea el Legislativo, que no responden a la ciudadanía; sino a intereses espurios, ni siquiera partidarios. Ya vimos el accionar torcido de este Poder, unos años atrás, cuando echaron en dos oportunidades gobiernos en forma totalmente anticonstitucional, porque los mandatarios destituidos no reunían los requisitos para el juicio político que sumariamente realizaron. Aquí caben los cuarenta y cinco, más suplentes; y por lo visto, esté quien esté al frente del Ejecutivo, sea HC, el hermano Lugo, Alegre o el mierdoso Payo, esto parece que no va a cambiar, porque a ninguno le interesa eliminar las listas sábana ni es parte de la promesa de campaña.
Así que, señores ciudadanos, lo que les conviene no es ir a enfrentarse por una enmienda que solo si está o no va a beneficiar a alguno de los mencionados arriba, o sea no les conviene pelear por el zoquete del corrupto fulano o mengano; lo que les conviene es ir a pedir por la eliminación de las listas sábana, que los senadores puedan ser elegidos fuera de los partidos, que se permita que haya candidatos independientes que sean realmente elegidos por ustedes y no por “el padrino”. Lo que conviene y vale la pena luchar es por ver de arreglar la pata renga de la democracia y así tener verdaderos representantes del pueblo en el Legislativo.

jueves, 9 de marzo de 2017

UNA ENTREVISTA HISTÓRICA

(Publicado en la revista Ñe'engatu, Nº 191, marzo-abril 2014)


Entrevista realizada por Juan E. O’Leary, publicada en su obra “El libro de los héroes. Páginas históricas de la Guerra del Paraguay”, 1922, pp. 439-447. Carlos Guido y Spano es popularmente conocido en nuestro país por su Nenia y por la encendida defensa que hizo de la causa paraguaya. Conoció a Francisco Solano López cuando este fue mediador en el histórico Pacto de San José de Flores; también estuvo con madame Elisa Alicia Lynch cuando ella partió de Buenos Aires hacia Europa al finalizar la guerra. Su padre, el general Tomás Guido, mantuvo correspondencia con Carlos Antonio López y su hijo, cartas que él conservó y da cuenta en su contenido del elevado nivel de preparación cultural de ambos.


GUIDO Y SPANO (1827-1918)

Fue siempre una aspiración mía conocerle. Vinculado al gran drama de nuestra historia, quería oír de sus labios muchas de las cosas que brotaron de su pluma, hace más de medio siglo. Pero coincidencias fatales me impidieron hasta ahora estrechar su mano generosa. Entretanto, los años han ido pasando, siendo casi tarde para realizar mi deseo. El poeta declina en una ancianidad de noventa y dos años. No podía, pues, demorar más y fui a verle en su casita lejana de la calle Canning.
Era domingo. La ciudad estaba silenciosa, sobre todo en el apartado barrio en que el patriarca espera su hora.
Dos amigos me acompañaban. Los tres íbamos animados de idénticos sentimientos, de curiosidad y admiración.
Eran las seis y media de la tarde cuando llegamos a su puerta. Iba a oscurecer. Una criada nos recibió y complacida nos llevó hasta la habitación del poeta. ¡Allí estaba el más impecable de los artífices de la poesía argentina!
Tendido en su lecho de dolor, donde hace treinta años lo tiene clavado la parálisis, florece su cabeza coronada de blanca cabellera, y se derrama sobre su pecho su gran barba fluvial, mientras brillan sus ojos negros, llenos de fuego, y resplandece su frente pensadora.
El poeta nos mira llegar sonriente. Y nos estrecha las manos con cariño. Nos habíamos hecho anunciar como paraguayos, y esto le llenaba de júbilo.
—¿Paraguayos? Nos dice.
—Sí, paraguayos, que cumplen un deber y satisfacen un anhelo visitándole.
Y enseguida le recordamos su defensa de la causa paraguaya, asegurándole que nuestra gratitud es grande y que es para nosotros una pena no haber podido nunca recibirle en nuestro hogar, para brindarle la apoteosis que le debemos y que solo pudimos ofrecer a uno de sus esforzados compañeros de “La América”, a don Agustín de Vedia.
Ante esta evocación de los lejanos días de su juventud, pareció reanimarse, incorporándose penosamente para hablar. Su rostro cobró un aire de vigorosa energía y su voz sonó pausada, pero llena de vehemencia.
—¡El Paraguay!, exclamó. Fue un gran país, inicuamente sacrificado. El Paraguay hizo lo que no hizo ningún otro país de la tierra, realizó el ideal de bastarse a sí mismo, de vivir aparte, sin estorbar a nadie, pero también sin necesitar de nadie. Los paraguayos eran felices, eran ricos y vivían como en una gran familia. Su exterminio ha sido un crimen injustificable.
Sus mismos dictadores, los dos López, han sido muy cultos y muy sinceros patriotas. Se les ha pintado como bárbaros, pero es pura calumnia. Yo guardo entre los papeles que fueron de mi padre, el general Guido, que estuvo en el Paraguay, numerosas cartas de ambos presidentes, y es notable la ilustración que ellas revelan. Son documentos inéditos, muy importantes. En cuanto al Mariscal López en particular, fue un personaje extraordinario. Un hombre que da cien batallas, pelea cinco años y muere como un héroe, con la espada en la mano!... Se le puede odiar, pero es imposible despreciarle… Yo le conocí en 1859, cuando vino como ministro mediador. Buenos Aires le hizo un gran recibimiento y yo fui a visitarle. Más tarde, cuando estalló la guerra, le defendí. Joven, ardoroso, escribí con una agresividad terrible, atacando fieramente al general Mitre. Este nunca quiso polemizar conmigo. Y hasta me dio la razón, muchas veces, en cartas que guardo en mi archivo. La propaganda paraguayista de “La América”, nos valió la cárcel a sus redactores. Vivíamos bajo el estado de sitio y los ánimos estaban muy irritados. De modo que nuestros artículos levantaron roncha, provocando la clausura de nuestro diario. Estando preso, nació mi primer hijo. Y cuando obtuve mi libertad, lejos de ir a ver a mi señora, tan indignado estaba, corrí a un diario, para atacar con más furia al gobierno. ¡Qué! ¿Pretendían asustarme? Yo no soy hombre que se humilla. Siempre he sido modesto, no considerándome superior a nadie. Pero que no se pretenda ultrajarme. Entonces me levanto, y crezco, y voy contra cualquiera, por poderoso que sea. Así fue que, después de mi prisión, seguí mi propaganda, con mayor fuerza, atacando al gobierno de Mitre con creciente iracundia. Pero la verdad es que el pueblo estaba con nosotros. La guerra era impopular. Y ustedes los paraguayos eran muy queridos en Buenos Aires…
En este momento me permití interrumpirle, para preguntarle si no opinaba, como yo, que la guerra al Paraguay fue obra exclusiva del Imperio brasileño, en cuyas redes cayó la oligarquía bonaerense, acaudillada por el general Mitre y el infame Rufino de Elizalde.
—Indudablemente, me contestó. La guerra fue preparada por el Brasil. Sus hábiles diplomáticos comprometieron a nuestro gobierno, y todo resultó como deseaba el Emperador. Y para justificar aquel crimen tuvieron que apelar a la difamación del Paraguay y de su gobierno. El pretexto era la libertad del Paraguay. ¿Pero quién les había pedido esa liberación? Los paraguayos estaban muy contentos con su régimen político, al menos no se habían manifestado en contra…
Y el buen anciano hablaba y hablaba, subrayando sus palabras, como si quisiera hacernos notar su sinceridad. Había momentos en que levantaba la voz y agitaba las manos, sacudida su alma por los recuerdos. No parecía un hombre casi centenario. Un soplo de juventud pasaba por su ser, y sus pupilas se encendían, y su cuerpo paralítico se agitaba bajo la blanca sábana que lo cubría. Era que toda su vida se agolpaba en ese instante en su memoria, pugnando por vibrar en sus labios. Bajo las cenizas aun quedaban brasas. Y estas podían todavía apresurar las palpitaciones de su cansado coraz6n. Espiritualmente, los hombres escogidos no envejecen. Y este es el rasgo distintivo de su superioridad. Tal era el caso de nuestro poeta. Su carne, decrepita, se levantaba a impulsos de su alma, y todo su ser parecía rejuvenecido.
Yo le contemplaba admirado. Aquella extraña vida, reconcentrada en las vibraciones de un potente cerebro y de un firme corazón, ejercía sobre mí una avasalladora sugestión. Sus palabras tenían largas resonancias en mi oído, y mil ecos respondían, desde las profundidades de la historia, a todo cuanto iba brotando de sus labios. No era ya el poeta el que hablaba. Antojábaseme escuchar confidencias de ultratumba, juicios y revelaciones de bocas misteriosas, que hablaban desde las regiones astrales de lo desconocido…
Cuando le vimos hacer una pausa, fatigado, tratamos de darle un descanso, hablando nosotros, comentando sus afirmaciones, recordándole sus méritos de luchador y de poeta, todavía no reemplazado en su país.
Pero él, después de divagar un momento, recordando, con filial cariño, a su padre, leyéndonos la última carta que le escribiera San Martín, al abandonar para siempre la causa de la independencia, volvió otra vez al Paraguay, renovando sus evocaciones.
Por la señora Lynch tenía una inmensa admiración. Fue una gran mujer, nos decía, hermosa y muy inteligente. Cuando se dirigía al Paraguay, antes de la guerra, fue aquí muy agasajada por nuestra mejor sociedad. Después… Terminada la tragedia, pasó otra vez por Buenos Aires, en medio de la indiferencia de todos. Había hecho la heroica campaña, enterrando con sus manos al amado compañero, y regresaba con sus pobres hijos huérfanos. Yo fui el único que la visité. Cuando llegué a su hotel, el criado me anunció que no estaba visible, entregándole mi tarjeta. Me retiraba, cuando fui alcanzado por un enviado de ella, que me suplicaba regresase a verla. Me recibió con estas palabras, que nunca olvidaré, y que me halagaron mucho: “Señor Guido, lo esperaba, pero solo a Ud.”. Era yo el único caballero de cuya gentileza no había dudado. Y cuando llegó el momento de partir a Europa, yo la acompañé hasta el vapor, en medio de la muchedumbre, ávida de conocerla. Fue este un notable episodio. La señora Lynch estaba algo intranquila ante la actitud de los espectadores. La guerra acababa de terminar y ella era muy calumniada. Podía esperarse una manifestación hostil. Yo la tranquilicé. Y, brindándole mi brazo, avanzamos por un largo muelle, entre dos filas de curiosos. En medio del mayor silencio llegamos al extremo de dicho muelle, donde tomamos un bote. En ese momento la muchedumbre estalló en un viva estruendoso, siguiéndole un largo aplauso. Era el homenaje debido al infortunio y a la gloria. La señora Lynch se puso de pie, y levantando el espeso velo negro que cubría su rostro, saludó con gracia infinita al pueblo que la aclamaba, mientras nos alejábamos rápidamente. La señora Lynch fue también una heroína. Siguió a su compañero hasta la tumba. Hizo cuanto le fue dado hacer, con una energía asombrosa. Yo he sentido por ella siempre la mayor admiración…
Imposible recordar todo cuanto nos dijo en los breves momentos que le escuchamos. Cada pregunta nuestra, cada observación, cada palabra tenía la virtud de sugerirle mil recuerdos, que se empeñaba en aprisionar en fórmulas concisas, tratando de decirnos todo lo que sentía y todo lo que pensaba.
Pero había algo que yo deseaba aclarar, sin encontrar la oportunidad de hacerlo. Quería saber, como quieren saberlo todos los paraguayos, la intención de aquella popular elegía en que cantó la desaparición del Paraguay. ¿Cómo explicarse, en efecto, aquel canto de muerte en quien luchó, con tanto tesón, por la vida del Paraguay? La Nenia, como lo dije alguna vez, interpretaba las aspiraciones del vencedor. Eso, la desaparición del país vencido, era, indiscutiblemente, el fin de la guerra. Y si no se realizo tan siniestro propósito fue, sencillamente, porque la alianza estaba rota antes de terminar la campaña, surgiendo entre los aliados las querellas inevitables en todo reparto de botín mal habido. El Brasil y sus cómplices casi se fueron a las manos, y nosotros, no solo salimos con vida, salvamos una parte del territorio que en el Tratado Secreto se había adjudicado la República Argentina. Entre tanto, Guido Spano, el autor de “El Gobierno y la Alianza”, panfleto implacable en defensa del Paraguay, apenas consumada la tragedia de Cerro Corá escribía las estrofas lastimeras de la más conocida poesía americana, haciendo llorar nuestro exterminio al Urutaú de nuestras selvas.

¡Llora, llora urutaú
En las ramas del yatai
Ya no existe el Paraguay
Donde nací como tú—
Llora, llora urutaú…!

¿Es que el poeta había claudicado de todas sus ideas anteriores, deslumbrado, como Olegario Andrade, por los fulgores de una victoria inmerecida? ¡No! Acabáis de leer sus últimas palabras. Inclinado ya sobre la tumba, cargado de años y de laureles, se afirma, orgulloso todavía, en sus viejos sentimientos de admiración por el Paraguay y de respeto profundo por el sacrificio de sus hijos. ¿Cómo explicarse, entonces, aquel graznido de ave de mal agüero, extraño por completo a la obra del armonioso poeta? Vais a saberlo. La Nenia fué un grito de sinceridad, que nació, sin segundas intenciones, del fondo de su corazón. Lo que allí dice, era, simplemente, producto de una honrada convicción. L1oró nuestra muerte, como glorificó nuestra vida, ignorando hasta dónde llegaba nuestra resolución de persistir en el mundo. Y en esta forma, recogió, sin pensarlo, y, mucho menos, sin quererlo, el anhelo cruel del vencedor, grabando en estrofas que no morirán la realidad de aquel bárbaro propósito, felizmente no realizado. El Paraguay no murió, pero allí quedan los versos del poeta para probar que por muerto se le dejó tendido entre escombros, ahogado en su propia sangre.
—Maestro ¿cómo escribió usted su Nenia? Le pregunté.
Apenas formulada la pregunta, comprendí que no podía haberla expresado en forma más desgraciada. Pero es que, francamente, me sentía cohibido al interrogarle. Para mí era este un punto demasiado escabroso. El viejo bardo me escuchó lleno de bondad. Sus ojos vivaces se clavaron en los míos. Y su respuesta fue de una deliciosa ingenuidad.
—La escribí un buen día, sin meditarla, espontáneamente. Para hacerlo, pedí una hoja de papel a mi señora. Y como no la había en casa en ese momento… escribí en unos pedazos de cartón… Así nacieron esas estrofas, que tan afortunadas han sido…
Y no dijo más. Porque nada más podía decir. Así nace la poesía, la verdadera poesía. El raudal cristalino brota de la divina fuente, apenas tocada por el genio, sin que haga falta que le abra un cauce el pensamiento. En aquel instante Guido Spano fue, por otra parte, el vate, que decían los antiguos, intérprete del alma colectiva: había en él algo de impersonal. Sin meditar lo que escribía, expresó la verdad de lo que todos sentían, y sollozó el más horrendo vaticinio.
He ahí el origen de la Nenia, su alcance y explicación.
Cuando, al ir a despedirnos, formulamos votos por su salud y más larga vida, el poeta nos interrumpió para decirnos que no deseaba la vida, que, en su situación, la muerte era la suprema consoladora.
—El hombre es un luchador que tiene derecho a la vida mientras pueda mantenerse en pie, erguido y vigoroso. Cuando se ha caído, como yo, se está demás en el mundo. Yo no soy ya sino una sombra, y voy, con la capucha calada, camino de la tumba. ¡La muerte! Créanme que no la temo. La espero, tranquilo, como una liberación.
No me olviden —fueron sus últimas palabras—, que visitar a un enfermo es obra de misericordia.
Cuando salimos era ya noche cerrada. La noctambula Buenos Aires empezaba a despertar. Y nosotros, al alejarnos, nos sentíamos todavía dominados por una extraña emoción.(1)


(1) Guido y Spano leyó esta ligera impresión de nuestra entrevista, escribiéndome agradecido una amable carta y adjuntándome un artículo publicado en 1879, en el que explica el origen de su Nenia. Cuatro meses después fallecía el altísimo poeta.