miércoles, 5 de abril de 2017

LA PRENSA NO ES EL CUARTO PODER, ES EL PODER

“Tan hábil fue la mistificación, que algunos emigrados se alistaron en las filas libertadoras, convencidos de que no iban contra la patria, sino contra un gobierno que detestaban. Así nació la famosa Legión Paraguaya...”.

Juan E. O’Leary

“La primera de las grandes fuerzas que mueven al mundo es la mentira“.
Jean-François Revel, "El conocimiento inútil”.



De prosperar el juicio político al actual presidente, no sería la primera vez que destituyen un gobierno antes de cumplir su mandato, con engaños a la población. Los más fáciles de recordar son los dos últimos Grau y Lugo, destituidos vía juicio político, correctos en la forma pero carentes de argumentos constitucionales para llevarlos adelante.

Pero para los que conocen un poco de historia recodarán que hubo otro que echaron también con engaños. Me refiero al gobierno del coronel Rafael Franco, que sin bien fue de facto, tiene su justificación en que llegó producto de una revuelta realmente popular y ampliamente justificada, en que defenestraron a un gobernante perteneciente a un partido que llevaba más de tres décadas consecutivas en el poder, un régimen seudodemocrático, donde no existían candidatos de partidos opositores, donde elegían a su candidato entre un selecto grupo en un selecto club; bien, mucho hay para contar de aquellos tiempos; lo cierto es que en febrero de 1936, posguerra, la oficialidad y civilidad se aglutinó tras una figura, el coronel Rafael Franco, héroe de guerra y persona de conducta intachable, para sacarse de encima al anquilosado y corrompido partido.

Es así que, por abrumadora mayoría, a Franco lo obligaron a sentarse en el sillón presidencial, y este, al no tener más remedio que aceptar el cargo, siendo una persona de carácter ejecutiva como era, llevó adelante una gestión que atacó en todos los frentes las necesidades de la población y República: irreductible posición en defensa de los límites que nos correspondían en el Chaco por derecho y sangre; una reforma agraria que hizo propietarias a más de diez mil familias a la vez que solucionó viejos problemas de colonias que estaban en manos de señores feudales, comprándoselas y otorgándoselas en propiedad a sus verdaderos ocupantes; la defensa de los nativos, la salud con la creación de hospitales, los derechos de los trabajadores, etc. Y podemos decir con absoluta certeza que nunca el país, la nación paraguaya, después de 1870 hasta ese momento tuvo un gobernante tan capaz y honesto (podemos transar solo con el Dr. Eligio Ayala); tanto que dejó en las arcas del Estado paraguayo mucho más respaldo monetario que el que tenía antes de empezar la contienda chaqueña en 1932, en solo un año y seis meses, que los otros tardaron tres décadas.

Sin embargo, fue defenestrado a los dieciocho meses de asumido. ¿Y cómo fue posible hacerlo y la población no defendiera a ese gobierno tan brillante? Bien, las mentiras, el engaño estuvieron a la orden del día. Los viejos políticos, una minoría experta en manipulación, no cejó un segundo en acusar a aquel gobierno de los disparates más absurdos vía prensa interna y externa, la idea era desestabilizar y sobre todo NO PERMITIR LA VUELTA A LA NORMALIDAD DEMOCRÁTICA; que no se pudieran llevar a cabo elecciones libres, en las cuales podrían participar todos los partidos, hasta ese momento el Colorado, el Liberal y la nueva Agrupación Nacional Revolucionaria, liderada esta por la Asociación de Ex Combatientes, la ANEC. Por primera vez el Paraguay, en el siglo XX, iba a tener elecciones democráticas y un gobierno surgido de la voluntad popular, esto la clase política paraguaya no permitió.

Los ataques fueron in crescendo, una de las mentiras más grandes fue engañar al pueblo diciendo que el Acuerdo del 9 de enero de 1937 era entregar territorio a los bolivianos, luego el desacreditar permanentemente a los ministros, hasta repartieron volantes desde aviones, impresos en Buenos Aires, donde mostraban falsamente una parte del territorio que el gobierno pretendía entregar. Bien, la hago corta, la traición prendió en las filas del Ejército, y es así que una mañana del 13 de agosto de 1937 es derrocado el gobierno, puesto preso el presidente y los ministros, varios de ellos tuvieron que esconderse porque los buscaban para matarlos.

Así una turba, enardecida, recorría calles y casas en busca de “franquistas”.

Aquel derrocamiento fue un triunfo, sí, fue el triunfo de los señores feudales, de los comerciantes contrabandistas, de los usureros y especuladores, y de los más grandes corruptos que tenía entonces el Paraguay, y de una minoría de minorías, el Partido Comunista Paraguayo que apoyó aquel golpe y apoyó luego futuras dictaduras; y aquellos llamaron al gobernante caído ladrón y dictador, ¡qué ironía!

Como es fácil de ver y apreciar en el tiempo, aquel triunfo no fue un triunfo del campesinado, del obrero, del estudiante o del profesional. Hay crónicas de la época que refiere el Dr. Juan Stefanich en varias de sus obras, que realmente dan pena y rabia ver la forma que se manejaron y traicionaron los intereses de la Patria, de la República. Porque luego estos mismos actores, en menos de un año, julio de 1938, SON LOS ENTREGADORES DEL CHACO, de una riquísima porción de suelo reconquistado a sangre y fuego, de un territorio, miles y miles de kilómetros cuadrados, donde estaban enterrados miles de paraguayos; y esa entrega la cocinaron, como era su costumbre, entre medianoche y gallos, una madrugada del 9 de julio de 1938, en una sesión secretísima, que años después se descubrió gracias a una investigación del historiador Arturo Rahi. La gran mentira, el gran engaño, quedó al descubierto, pero ya era tarde.

Pero si aquel engaño para derrocar un gobierno decente parece enorme, resulta pequeño frente al que los ascendientes de estos bastardos hicieron al formar una legión y apoyar ejércitos extranjeros para apoderarse de la Nación y cercenar su territorio, porque aquella gran guerra no fue más que eso, simplemente otro golpe de estado, el derrocamiento de un gobierno que tenía el mayor respaldo popular, un gobierno auténticamente defensor de los derechos de sus ciudadanos y su soberanía, si no no se explica que prácticamente toda la población se inmolara en su defensa.

Claro, como los golpistas no tenían fuerza interna para llevar adelante sus deseos, apoderarse del Paraguay, entonces no titubearon en apoyar los espurios reclamos del emperador brasileño y del gobierno argentino, no sin antes llevar adelante una profusa campaña de mentiras de manera de preparar y concientizar a la población que había que liberar al Paraguay de su “dictadura”, y muchos cayeron en el engaño, miles; pero resulta que los dictadores eran ellos, ladrones y traidores de la primera hora, que acompañaron la masacre de la población, niños, ancianos, mujeres. Y todo esto por qué lo hicieron, ¿por patriotas? Seguro que no, esta palabra les repele.

Y hoy el Paraguay se encuentra frente a otra disyuntiva, frente a otra posible interrupción democrática; porque gran parte de la ciudadanía está reclamando un juicio político, azuzada por una prensa que a todas luces es parcial e informa engañosamente; por una prensa que tiene, en poderosos empresarios, sus intereses económicos y se ve que son contrarios a los del actual gobierno, una prensa que al igual que la prensa mitrista o la del imperio lusitano, un tipo de prensa que se instaló en el Paraguay posguerra al servicio de intereses propios y de corporaciones extranjeras, nunca al servicio del ciudadano o lector, ese tipo de prensa impulsa y fogonea a la población para que tome partido, población que cada día se enardece más y cuando se está enardecido sabemos que difícilmente se pueda ver claro, solo se quiere sangre, “justicia”, y que se haga su voluntad. Pero claro, luego, después que se hizo su voluntad, muchos se darán cuenta de su error y se arrepentirán. Pero a no preocuparse, porque rápidamente esa misma prensa hará que todos se olviden, y velará por la salud mental de la población ocupando las mentes con frivolidades, de manera que la próxima joven generación o la que sigue pueda caer nuevamente en el engaño.

Para finalizar aclaro, para las mentes de solo dos neuronas, me importa un bledo si el que está al frente del gobierno es un presidente del partido Colorado, Liberal o una Alianza, lo que me importa es que cualquiera que esté al frente, no importa el signo, termine su mandato; y que el que continúe sea elegido democráticamente, porque eso hace al crecimiento de un país.

martes, 4 de abril de 2017

DE REFORMAS Y ENMIENDAS

Observando la Constitución norteamericana, que tiene más de dos siglos (1787), vemos que ellos en todo este tiempo han hecho veintisiete enmiendas a la misma, siendo la última aprobada en 1992, pero el detalle y rareza de esta última es que se propuso en 1789, sí, más de dos siglos, una enmienda propuesta a dos años de su promulgación (se tomaron su tiempo los muchachos), y se trata nada más ni nada menos que de la variación de la remuneración de los legisladores (algo impensable por estos pagos, que todos los años se aumentan la dieta y la antidieta, los bocaditos).
Hay otra enmienda interesante de observar, la 22º, propuesta en 1947 y refrendada en 1951, en donde se limita a dos períodos la elección del Presidente, lo que quiere decir que desde 1787 ellos podían re-re-re-reelegirse indefinidamente (¡y después bastardeaban las dictaduras urbi et orbe!, la propuesta de ellos es “debes hacer lo que yo digo pero no lo que yo hago, no me conviene que hagas lo mismo”; claro que bajo cuerda siempre financiaron las de izquierda, una sutil manera de eliminar la competencia, pero esa es otra historia).
En 1919, con la enmienda 18º, establecieron la famosa Ley Seca, ley que muchas muertes causó ya sea por ingesta de alcoholes truchos o peleas mafiosas, amén de cirrosis y dolores de cabeza interminables, ley que a su vez generó un crimen organizado aumentando el poder de las familias mafiosas, además de la evasión multimillonaria de impuestos. Ley que recién fue derogada catorce años después (1933) con la enmienda 21º, tomándose casi un año para aprobarla (parece que Al Capone, los Corleone y otros eran grandes cabilderos).
—Y reformas, ¿cuántas hicieron?
—Ninguna.
—¡No me joda!
Sí, jamás hicieron una reforma constitucional. Por qué, porque el camino más directo, menos traumático, más económico y menos engorroso es la enmienda.
Los yanquis tienen una popular frase que suelen aplicar y dice: “hacela fácil y rápido tonto”, o algo así; viene a ser un principio de vida que tienen para todo, que les indica hacer todo más simple, no dar vueltas al asunto e ir por el camino más directo, no complicar las cosas; porque es de tontos y estúpidos complicarlas; y las estupideces cuestan muy caro.
Espero que este pequeño aporte sirva de algo en estos revueltos tiempos, aunque sé que es lo mismo que pretender apagar el incendio de un bosque arrojándole un vaso de agua; pero este vasito va dirigido a: los reformadores-deformadores, a los intelectuales del subdesarrollo, a los que no leen ni el almanaque y opinan como “Zaratustra”, a los ideologizados-endemoniados, y sobre todo a los intelectuales y periodistas pirómanos, que disfrutan ver cómo los idiotas útiles incendian el bosque.

lunes, 3 de abril de 2017

Cada pueblo tiene el gobierno que merece

El título es una vieja sentencia que pertenece a Joseph de Maistre, político y filósofo francés; que fue aggiornada un siglo después por André Malraux, otro pensador francés, de la siguiente manera: “La gente tiene los gobernantes que se le parecen”, que se me hace más atinada esta última, porque que nadie se merece un Castro, un Hitler, un Mao o un Maduro, como sería en el caso de la afirmación de De Maistre.
Pero bien, veamos si Malraux tiene razón.

En estos días hemos visto hechos de violencia en nuestro país, además de expresiones groseras, brutales, burlas, etc., en los redes virtuales, descalificando el accionar del actual gobierno, pedidos de juicio político por doquier y destitución; por otro lado, hay sectores políticos, periodistas e intelectuales que están fogoneando esta posibilidad y se puede apreciar una descontrolada violencia verbal; una agresividad rayana en la locura, colectiva.
Por otro lado, si nos remitimos al pasado reciente, el democrático, que arranca en 1989, casi tres décadas apenas, vemos que en el interregno, deberían haber habido seis presidentes contando al actual, pero no, hubo ocho, dos más; debido a la interrupción por juicio político y destitución a Grau y Lugo; dos juicios políticos formalmente llevados a cabo y sumarísimos, pero innecesarios, con el agravante que los cargos para llevar adelante dichos juicios fueron inconstitucionales.
En ambos casos la intolerancia política, apoyada por manifestaciones populares, hicieron posible estas interrupciones, o golpes de estado palaciegos; también con una complacencia pública general si se quiere.
Hoy día estamos asistiendo a hechos similares a los de 1999, una intolerancia exacerbada esta vez por las redes virtuales, algo que antes no se disponía; y se observa que muchísimas personas están deseosas de terminar con este gobierno antes de que cumpla su mandato; que en esto no está sola la oposición, que gustosa se presta a esto e incentiva, está también detrás una sociedad que mayormente se muestra intolerante.
De lograrse el juicio político sería la tercera vez en menos de tres décadas que se interrumpe un mandato presidencial y se cambia al titular sin motivos valederos, observación esta hecha con calma y a la distancia, lejos del calor de la refriega.
Observando un poco más atrás en el tiempo, antes de la llegada de Stroessner, también hubo un período anárquico en política; y más atrás también; y si nos remontamos a la década de 1870 y antes a partir de 1811, veremos que nuestro pueblo siempre tuvo un alto grado de intolerancia; y que el producto de esta intolerancia han sido prolongadas dictaduras. La primera del Dr. Francia, legalmente constituida en forma temporal y la segunda, también legal a perpetuidad; porque parecía que ya entonces no había otra forma de sujetar las pasiones e “intereses”; y el Paraguay tuvo la suerte de tener en aquel prócer a una persona proba, inteligente y capaz, tanto es así que logró consolidar los cimientos de la República y al fallecer dejó un erario fuerte, un ejército formado, un país sin anarquía y un concepto de soberanía muy arraigado en el pueblo con incipientes instituciones pero fuertes. Luego vino un interregno breve, no exento de algunas escaramuzas políticas, también tuvimos la suerte de tener a un estadista como Carlos A. López, por dos décadas; un gobierno constitucional pero no exento de autoritarismo si se quiere, que a su muerte deja en el cargo a su hijo Francisco S. López; otro gran patriota y hombre preparado, que lamentablemente fue arrastrado a una guerra que terminó por destruir la riqueza y progreso acumulados durante más de medio siglo.
Y los que posguerra vinieron a gobernar, muchos de ellos hombres codiciosos y sin moral, traidores enrolados con el ejército extranjero, carroñeros de los restos de la Nación, autoritarios sin autoridad, autoproclamados falsamente democráticos y constitucionalistas, tampoco pudieron sostener o contener a aquel pueblo, y es así que hubo, 18 presidentes desde 1870 hasta 1904; 28 de 1904 a 1940; 8 de 1940 a 1989, y 8 de 1989 a la fecha. Salvo el interregno de Morínigo y Stroessner, que juntos suman 43 años y restando este tiempo al período que va de 1870 a la fecha nos da que en 104 años hubo 60 gobernantes, o sea un promedio de 1 presidente cada año y medio, más o menos.
Para terminar, luego de este breve análisis, no quedan dudas que Malraux tenía razón: tenemos los gobernantes que se nos parecen.
Así que, como del axioma malrauxiano no se puede escapar, lo que se impone, si queremos tener mejores gobernantes, es ser como sociedad un poco mejores, ser más tolerantes; y también entender que el cambio no es colectivo, que el cambio empieza en cada uno. Por ejemplo, si vas a dar tu opinión en un foro virtual sé respetuoso, no insultes a nadie, piensa antes de escribir si lo que dices es correcto o no, si la información que das está chequeada; y si vas a una plaza a manifestarte no lleves palos ni piedras, menos combustible; no quieras destruir nada, no hagas berrinches; respeta a las fuerzas de seguridad que están allí para preservar no para reprimir; sé coherente, no te dejes manipular, infórmate si lo que lees en los medios es verdad o no, estudia; y, sobre todo, piensa que el otro, el que opina distinto, es una persona con los mismos derechos que tienes tú a dar su punto de vista y que no hay porqué enojarse por ello. Y cuando hay comicios, aparte de no vender tu voto, piensa a quién se lo vas a dar, no mires solo el color y vota un proyecto no un mesías.

domingo, 2 de abril de 2017

NO SE PACIFICA EXIGIENDO

Solo soy un observador, a la distancia, que intenta razonar y analizar lo que está pasando, que lamenta ver todo lo que está sucediendo actualmente en el Paraguay, y que dentro de la tormenta trata de ver con calma las cosas, que es la única manera de entender: con calma, sin gritos, insultos ni amenazas.
Estas reflexiones surgen porque hace unos momentos vi en internet, Facebook, que el equipo político de Avanza País, encabezado por el intendente Mario Ferreiro, se reunió en el local del PRF, en Asunción, y acordaron al culminar la misma los siguientes puntos, que textualmente dicen:

“• exigimos inmediatamente el retiro inmediato [sic] del proyecto de enmienda que ha generado este estado de crispación en la Republica, como único camino para la pacificación.”
“• expresamos nuestras condolencias a la familia de Rodrigo Quintana, asesinado por fuerzas policiales en el local del PLRA.”
“• acompañará una delegación el sepelio del joven en La Colmena.”
“• las organizaciones se mantienen movilizadas.”

Bien, sobre el primer punto, los otros no hay nada que discutir, me suscitaron las siguientes reflexiones, que espero se entiendan, como dije antes, con calma.
Por un lado veo que el fin de la reunión es buscar la "pacificación social"; y por otro "exigen inmediatamente el retiro del proyecto de enmienda"; noten que no piden, sino que "exigen". O sea que esta llamada a la "pacificación" pasa porque se haga la voluntad de ellos; lo que entra en clara contradicción, porque si se quiere “pacificar” hay que acordar, no “exigir” en forma irreductible; así me parece que no se va a ningún lado; porque además cualquier exigencia sin contrapartida suena a amenaza.
Muy bien, entonces pregunto, ¿qué pasa con los otros grupos o sectores que piensan en contrario, que creen que la enmienda es válida y que desean la posibilidad de reelección? ¿Acaso ellos no pueden también “exigir” de la misma manera que lo hacen ellos?
Entonces, ¿qué debe hacerse?, ¿cuál es el camino correcto?
¿Se realiza la voluntad de una de las partes, sin más?
¿Se retira la enmienda y queda contento un sector y el otro qué?
¿Creen que así se va a “pacificar” el país?; me parece que no, todo lo contrario.
Se entiende que al estar en una democracia, cuando dos posiciones no se ponen de acuerdo simplemente SE VOTA, para eso está el sistema democrático; más allá de la división de poderes, el dirimir en votaciones es el principio básico de la democracia, que permite vivir en paz a unos y otros, que nunca van a estar de acuerdo en todo, todo el tiempo. Porque lo que hoy no acepta uno, mañana será el otro el que no lo va a aceptar, y viceversa; lo que hoy uno acepta mañana puede cambiar; y eso pasa todo el tiempo en política.
Creo que antes que exigir retirar nada, me parece que un buen llamado a la pacificación sería dirigirse a los ciudadanos, pedirles calma, que no se dejen llevar ni arrastrar por la violencia por más injusto que consideren los hechos, que permitan que las instituciones funcionen, mal o bien; podrían hacer un llamado a los legisladores para que vuelvan a reunirse en la Cámara y debatir el tema como debe ser, que se tomen el tiempo que necesiten, que por favor no se agredan, no se insulten, y luego que se vote y se respete el resultado; porque los ciudadanos en democracia gobiernan por medio de sus legisladores, así lo marca la Constitución.
Pero por otro lado, así como están las cosas hoy, también veo que la posibilidad de rechazar la traumática enmienda o reelección sigue estando: aún falta la decisión de una Cámara, falta el referéndum; son las opciones que brinda el sistema, los comicios; y aunque todo esto se dé como el actual gobierno pretende, en 2018 también está la posibilidad de rechazar un nuevo mandato.
Pero si todo esto falla, señores, y HC es reelegido, aunque sea por 1 voto de diferencia, no creen que se debe respetar la voluntad popular de la mayoría. Lo contrario es caer en la anarquía, en el vacío, ir a manos directas de una dictadura; destruir lo poco, mal o bien, de democrático que tiene la República. Sería la imposición de minorías sobre mayorías y esto no es lógico, esto no es democracia.

Una disquisición. Creo que todo esto pasa, a mi modo de ver, porque tenemos una democracia renga con uno de los poderes, el Legislativo; porque sus integrantes son elegidos entre gallos y medianoche, padrinos mediante y parece que mucha plata corre para tener el puestito, mejor dicho “puestazo”; estos entran con listas sábana, y esto hace que lo más antidemocrático que hay en el Paraguay sea el Legislativo, que no responden a la ciudadanía; sino a intereses espurios, ni siquiera partidarios. Ya vimos el accionar torcido de este Poder, unos años atrás, cuando echaron en dos oportunidades gobiernos en forma totalmente anticonstitucional, porque los mandatarios destituidos no reunían los requisitos para el juicio político que sumariamente realizaron. Aquí caben los cuarenta y cinco, más suplentes; y por lo visto, esté quien esté al frente del Ejecutivo, sea HC, el hermano Lugo, Alegre o el mierdoso Payo, esto parece que no va a cambiar, porque a ninguno le interesa eliminar las listas sábana ni es parte de la promesa de campaña.
Así que, señores ciudadanos, lo que les conviene no es ir a enfrentarse por una enmienda que solo si está o no va a beneficiar a alguno de los mencionados arriba, o sea no les conviene pelear por el zoquete del corrupto fulano o mengano; lo que les conviene es ir a pedir por la eliminación de las listas sábana, que los senadores puedan ser elegidos fuera de los partidos, que se permita que haya candidatos independientes que sean realmente elegidos por ustedes y no por “el padrino”. Lo que conviene y vale la pena luchar es por ver de arreglar la pata renga de la democracia y así tener verdaderos representantes del pueblo en el Legislativo.

jueves, 9 de marzo de 2017

UNA ENTREVISTA HISTÓRICA

(Publicado en la revista Ñe'engatu, Nº 191, marzo-abril 2014)


Entrevista realizada por Juan E. O’Leary, publicada en su obra “El libro de los héroes. Páginas históricas de la Guerra del Paraguay”, 1922, pp. 439-447. Carlos Guido y Spano es popularmente conocido en nuestro país por su Nenia y por la encendida defensa que hizo de la causa paraguaya. Conoció a Francisco Solano López cuando este fue mediador en el histórico Pacto de San José de Flores; también estuvo con madame Elisa Alicia Lynch cuando ella partió de Buenos Aires hacia Europa al finalizar la guerra. Su padre, el general Tomás Guido, mantuvo correspondencia con Carlos Antonio López y su hijo, cartas que él conservó y da cuenta en su contenido del elevado nivel de preparación cultural de ambos.


GUIDO Y SPANO (1827-1918)

Fue siempre una aspiración mía conocerle. Vinculado al gran drama de nuestra historia, quería oír de sus labios muchas de las cosas que brotaron de su pluma, hace más de medio siglo. Pero coincidencias fatales me impidieron hasta ahora estrechar su mano generosa. Entretanto, los años han ido pasando, siendo casi tarde para realizar mi deseo. El poeta declina en una ancianidad de noventa y dos años. No podía, pues, demorar más y fui a verle en su casita lejana de la calle Canning.
Era domingo. La ciudad estaba silenciosa, sobre todo en el apartado barrio en que el patriarca espera su hora.
Dos amigos me acompañaban. Los tres íbamos animados de idénticos sentimientos, de curiosidad y admiración.
Eran las seis y media de la tarde cuando llegamos a su puerta. Iba a oscurecer. Una criada nos recibió y complacida nos llevó hasta la habitación del poeta. ¡Allí estaba el más impecable de los artífices de la poesía argentina!
Tendido en su lecho de dolor, donde hace treinta años lo tiene clavado la parálisis, florece su cabeza coronada de blanca cabellera, y se derrama sobre su pecho su gran barba fluvial, mientras brillan sus ojos negros, llenos de fuego, y resplandece su frente pensadora.
El poeta nos mira llegar sonriente. Y nos estrecha las manos con cariño. Nos habíamos hecho anunciar como paraguayos, y esto le llenaba de júbilo.
—¿Paraguayos? Nos dice.
—Sí, paraguayos, que cumplen un deber y satisfacen un anhelo visitándole.
Y enseguida le recordamos su defensa de la causa paraguaya, asegurándole que nuestra gratitud es grande y que es para nosotros una pena no haber podido nunca recibirle en nuestro hogar, para brindarle la apoteosis que le debemos y que solo pudimos ofrecer a uno de sus esforzados compañeros de “La América”, a don Agustín de Vedia.
Ante esta evocación de los lejanos días de su juventud, pareció reanimarse, incorporándose penosamente para hablar. Su rostro cobró un aire de vigorosa energía y su voz sonó pausada, pero llena de vehemencia.
—¡El Paraguay!, exclamó. Fue un gran país, inicuamente sacrificado. El Paraguay hizo lo que no hizo ningún otro país de la tierra, realizó el ideal de bastarse a sí mismo, de vivir aparte, sin estorbar a nadie, pero también sin necesitar de nadie. Los paraguayos eran felices, eran ricos y vivían como en una gran familia. Su exterminio ha sido un crimen injustificable.
Sus mismos dictadores, los dos López, han sido muy cultos y muy sinceros patriotas. Se les ha pintado como bárbaros, pero es pura calumnia. Yo guardo entre los papeles que fueron de mi padre, el general Guido, que estuvo en el Paraguay, numerosas cartas de ambos presidentes, y es notable la ilustración que ellas revelan. Son documentos inéditos, muy importantes. En cuanto al Mariscal López en particular, fue un personaje extraordinario. Un hombre que da cien batallas, pelea cinco años y muere como un héroe, con la espada en la mano!... Se le puede odiar, pero es imposible despreciarle… Yo le conocí en 1859, cuando vino como ministro mediador. Buenos Aires le hizo un gran recibimiento y yo fui a visitarle. Más tarde, cuando estalló la guerra, le defendí. Joven, ardoroso, escribí con una agresividad terrible, atacando fieramente al general Mitre. Este nunca quiso polemizar conmigo. Y hasta me dio la razón, muchas veces, en cartas que guardo en mi archivo. La propaganda paraguayista de “La América”, nos valió la cárcel a sus redactores. Vivíamos bajo el estado de sitio y los ánimos estaban muy irritados. De modo que nuestros artículos levantaron roncha, provocando la clausura de nuestro diario. Estando preso, nació mi primer hijo. Y cuando obtuve mi libertad, lejos de ir a ver a mi señora, tan indignado estaba, corrí a un diario, para atacar con más furia al gobierno. ¡Qué! ¿Pretendían asustarme? Yo no soy hombre que se humilla. Siempre he sido modesto, no considerándome superior a nadie. Pero que no se pretenda ultrajarme. Entonces me levanto, y crezco, y voy contra cualquiera, por poderoso que sea. Así fue que, después de mi prisión, seguí mi propaganda, con mayor fuerza, atacando al gobierno de Mitre con creciente iracundia. Pero la verdad es que el pueblo estaba con nosotros. La guerra era impopular. Y ustedes los paraguayos eran muy queridos en Buenos Aires…
En este momento me permití interrumpirle, para preguntarle si no opinaba, como yo, que la guerra al Paraguay fue obra exclusiva del Imperio brasileño, en cuyas redes cayó la oligarquía bonaerense, acaudillada por el general Mitre y el infame Rufino de Elizalde.
—Indudablemente, me contestó. La guerra fue preparada por el Brasil. Sus hábiles diplomáticos comprometieron a nuestro gobierno, y todo resultó como deseaba el Emperador. Y para justificar aquel crimen tuvieron que apelar a la difamación del Paraguay y de su gobierno. El pretexto era la libertad del Paraguay. ¿Pero quién les había pedido esa liberación? Los paraguayos estaban muy contentos con su régimen político, al menos no se habían manifestado en contra…
Y el buen anciano hablaba y hablaba, subrayando sus palabras, como si quisiera hacernos notar su sinceridad. Había momentos en que levantaba la voz y agitaba las manos, sacudida su alma por los recuerdos. No parecía un hombre casi centenario. Un soplo de juventud pasaba por su ser, y sus pupilas se encendían, y su cuerpo paralítico se agitaba bajo la blanca sábana que lo cubría. Era que toda su vida se agolpaba en ese instante en su memoria, pugnando por vibrar en sus labios. Bajo las cenizas aun quedaban brasas. Y estas podían todavía apresurar las palpitaciones de su cansado coraz6n. Espiritualmente, los hombres escogidos no envejecen. Y este es el rasgo distintivo de su superioridad. Tal era el caso de nuestro poeta. Su carne, decrepita, se levantaba a impulsos de su alma, y todo su ser parecía rejuvenecido.
Yo le contemplaba admirado. Aquella extraña vida, reconcentrada en las vibraciones de un potente cerebro y de un firme corazón, ejercía sobre mí una avasalladora sugestión. Sus palabras tenían largas resonancias en mi oído, y mil ecos respondían, desde las profundidades de la historia, a todo cuanto iba brotando de sus labios. No era ya el poeta el que hablaba. Antojábaseme escuchar confidencias de ultratumba, juicios y revelaciones de bocas misteriosas, que hablaban desde las regiones astrales de lo desconocido…
Cuando le vimos hacer una pausa, fatigado, tratamos de darle un descanso, hablando nosotros, comentando sus afirmaciones, recordándole sus méritos de luchador y de poeta, todavía no reemplazado en su país.
Pero él, después de divagar un momento, recordando, con filial cariño, a su padre, leyéndonos la última carta que le escribiera San Martín, al abandonar para siempre la causa de la independencia, volvió otra vez al Paraguay, renovando sus evocaciones.
Por la señora Lynch tenía una inmensa admiración. Fue una gran mujer, nos decía, hermosa y muy inteligente. Cuando se dirigía al Paraguay, antes de la guerra, fue aquí muy agasajada por nuestra mejor sociedad. Después… Terminada la tragedia, pasó otra vez por Buenos Aires, en medio de la indiferencia de todos. Había hecho la heroica campaña, enterrando con sus manos al amado compañero, y regresaba con sus pobres hijos huérfanos. Yo fui el único que la visité. Cuando llegué a su hotel, el criado me anunció que no estaba visible, entregándole mi tarjeta. Me retiraba, cuando fui alcanzado por un enviado de ella, que me suplicaba regresase a verla. Me recibió con estas palabras, que nunca olvidaré, y que me halagaron mucho: “Señor Guido, lo esperaba, pero solo a Ud.”. Era yo el único caballero de cuya gentileza no había dudado. Y cuando llegó el momento de partir a Europa, yo la acompañé hasta el vapor, en medio de la muchedumbre, ávida de conocerla. Fue este un notable episodio. La señora Lynch estaba algo intranquila ante la actitud de los espectadores. La guerra acababa de terminar y ella era muy calumniada. Podía esperarse una manifestación hostil. Yo la tranquilicé. Y, brindándole mi brazo, avanzamos por un largo muelle, entre dos filas de curiosos. En medio del mayor silencio llegamos al extremo de dicho muelle, donde tomamos un bote. En ese momento la muchedumbre estalló en un viva estruendoso, siguiéndole un largo aplauso. Era el homenaje debido al infortunio y a la gloria. La señora Lynch se puso de pie, y levantando el espeso velo negro que cubría su rostro, saludó con gracia infinita al pueblo que la aclamaba, mientras nos alejábamos rápidamente. La señora Lynch fue también una heroína. Siguió a su compañero hasta la tumba. Hizo cuanto le fue dado hacer, con una energía asombrosa. Yo he sentido por ella siempre la mayor admiración…
Imposible recordar todo cuanto nos dijo en los breves momentos que le escuchamos. Cada pregunta nuestra, cada observación, cada palabra tenía la virtud de sugerirle mil recuerdos, que se empeñaba en aprisionar en fórmulas concisas, tratando de decirnos todo lo que sentía y todo lo que pensaba.
Pero había algo que yo deseaba aclarar, sin encontrar la oportunidad de hacerlo. Quería saber, como quieren saberlo todos los paraguayos, la intención de aquella popular elegía en que cantó la desaparición del Paraguay. ¿Cómo explicarse, en efecto, aquel canto de muerte en quien luchó, con tanto tesón, por la vida del Paraguay? La Nenia, como lo dije alguna vez, interpretaba las aspiraciones del vencedor. Eso, la desaparición del país vencido, era, indiscutiblemente, el fin de la guerra. Y si no se realizo tan siniestro propósito fue, sencillamente, porque la alianza estaba rota antes de terminar la campaña, surgiendo entre los aliados las querellas inevitables en todo reparto de botín mal habido. El Brasil y sus cómplices casi se fueron a las manos, y nosotros, no solo salimos con vida, salvamos una parte del territorio que en el Tratado Secreto se había adjudicado la República Argentina. Entre tanto, Guido Spano, el autor de “El Gobierno y la Alianza”, panfleto implacable en defensa del Paraguay, apenas consumada la tragedia de Cerro Corá escribía las estrofas lastimeras de la más conocida poesía americana, haciendo llorar nuestro exterminio al Urutaú de nuestras selvas.

¡Llora, llora urutaú
En las ramas del yatai
Ya no existe el Paraguay
Donde nací como tú—
Llora, llora urutaú…!

¿Es que el poeta había claudicado de todas sus ideas anteriores, deslumbrado, como Olegario Andrade, por los fulgores de una victoria inmerecida? ¡No! Acabáis de leer sus últimas palabras. Inclinado ya sobre la tumba, cargado de años y de laureles, se afirma, orgulloso todavía, en sus viejos sentimientos de admiración por el Paraguay y de respeto profundo por el sacrificio de sus hijos. ¿Cómo explicarse, entonces, aquel graznido de ave de mal agüero, extraño por completo a la obra del armonioso poeta? Vais a saberlo. La Nenia fué un grito de sinceridad, que nació, sin segundas intenciones, del fondo de su corazón. Lo que allí dice, era, simplemente, producto de una honrada convicción. L1oró nuestra muerte, como glorificó nuestra vida, ignorando hasta dónde llegaba nuestra resolución de persistir en el mundo. Y en esta forma, recogió, sin pensarlo, y, mucho menos, sin quererlo, el anhelo cruel del vencedor, grabando en estrofas que no morirán la realidad de aquel bárbaro propósito, felizmente no realizado. El Paraguay no murió, pero allí quedan los versos del poeta para probar que por muerto se le dejó tendido entre escombros, ahogado en su propia sangre.
—Maestro ¿cómo escribió usted su Nenia? Le pregunté.
Apenas formulada la pregunta, comprendí que no podía haberla expresado en forma más desgraciada. Pero es que, francamente, me sentía cohibido al interrogarle. Para mí era este un punto demasiado escabroso. El viejo bardo me escuchó lleno de bondad. Sus ojos vivaces se clavaron en los míos. Y su respuesta fue de una deliciosa ingenuidad.
—La escribí un buen día, sin meditarla, espontáneamente. Para hacerlo, pedí una hoja de papel a mi señora. Y como no la había en casa en ese momento… escribí en unos pedazos de cartón… Así nacieron esas estrofas, que tan afortunadas han sido…
Y no dijo más. Porque nada más podía decir. Así nace la poesía, la verdadera poesía. El raudal cristalino brota de la divina fuente, apenas tocada por el genio, sin que haga falta que le abra un cauce el pensamiento. En aquel instante Guido Spano fue, por otra parte, el vate, que decían los antiguos, intérprete del alma colectiva: había en él algo de impersonal. Sin meditar lo que escribía, expresó la verdad de lo que todos sentían, y sollozó el más horrendo vaticinio.
He ahí el origen de la Nenia, su alcance y explicación.
Cuando, al ir a despedirnos, formulamos votos por su salud y más larga vida, el poeta nos interrumpió para decirnos que no deseaba la vida, que, en su situación, la muerte era la suprema consoladora.
—El hombre es un luchador que tiene derecho a la vida mientras pueda mantenerse en pie, erguido y vigoroso. Cuando se ha caído, como yo, se está demás en el mundo. Yo no soy ya sino una sombra, y voy, con la capucha calada, camino de la tumba. ¡La muerte! Créanme que no la temo. La espero, tranquilo, como una liberación.
No me olviden —fueron sus últimas palabras—, que visitar a un enfermo es obra de misericordia.
Cuando salimos era ya noche cerrada. La noctambula Buenos Aires empezaba a despertar. Y nosotros, al alejarnos, nos sentíamos todavía dominados por una extraña emoción.(1)


(1) Guido y Spano leyó esta ligera impresión de nuestra entrevista, escribiéndome agradecido una amable carta y adjuntándome un artículo publicado en 1879, en el que explica el origen de su Nenia. Cuatro meses después fallecía el altísimo poeta.

sábado, 4 de marzo de 2017

Giro en la geopolítica

31-7-2009 La Nación, Asunción

Brasil se fue agrandando desde que el primer portugués pisó tierra, con malocas y bandeiras. Hoy día está entre las primeras potencias industriales, la reciente participación de “Lula” en la cumbre de los ocho más industrializados lo demuestra y sigue avanzando, quizá la próxima esté entre los cuatro más industrializados, y sin necesidad de tener una salida al Pacífico; y si necesita salir a este océano seguramente logrará acuerdos comerciales con sus vecinos, pero me parece que le resulta más económico usar el Canal de Panamá, que atravesar Paraguay y Bolivia, o cualquier otro Estado vecino.
 
La estrategia brasileña no depende de un presidente mesiánico, por el contrario como hemos visto con don “Lula”, éste una vez en el Ejecutivo se olvidó de su onda hippie, y aunque se declare socialista ha llevado adelante una política realmente conservadora, que protege los intereses del Brasil (o sea del empresario brasileño) antes que nada. Si hay una guerra, el primer perjudicado sería el Brasil; y quizás eso pueda ser a donde apuntan el loco de barinas y sus aliados económicos (los traficantes de armas, la usura internacional, los narcotraficantes): destruir una economía independiente, en franco ascenso que está compitiendo con potencias tradicionales. A nuestro país nunca le convino estar enfrentado al Brasil, y hay gente empecinada en manosear la historia buscando reabrir viejas heridas para mantener un distanciamiento innecesario y perjudicial a nuestros intereses.
Miremos los ejemplos de Japón, de Alemania, de Italia, de Francia, de Inglaterra, de México; todas estas naciones a pesar de haber estado alguna vez enfrentadas entre sí o con los norteamericanos han superado sus traumas y hoy día todas ellas han progresado y son potencias económicas.
En el lado opuesto del progreso está Chávez, armándose hasta los dientes; buscando o comprando aliados; ya tiene un eje Caracas-La Paz que pasa por Quito; díganme si no es igual a lo que hizo Hitler en sus comienzos. Y lo que es peor tiene apoyo del fundamentalismo islámico, así es que si se desata en esta zona una conflagración puede ser de consecuencias impredecibles.
Creo que el tema Itaipú, si bien es cierto que nuestro país necesita una mejor compensación, este gobierno lo maneja políticamente y no diplomáticamente, ha buscado el choque y no el acuerdo; mientras tanto Yacyretá pasó a segundo plano, y tengo entendido que el problema a solucionar es mucho mayor con la Argentina que con el Brasil. Pero en la agenda de Lugo, desde su campaña, está Itaipú; seguramente es la agenda que le prepararon sus mecenas.
Sin duda, en su geopolítica (o geoestrategia) nuestro país debe dar un giro de 180 grados, haya o no perspectiva de conflicto; porque si seguimos atados al carro del bolivariano lo único que vamos a recoger es miseria, dolor y hambre.

jueves, 16 de febrero de 2017

PROCLAMA DEL 17 DE FEBRERO DE 1936

PROCLAMA DEL EJERCITO LIBERTADOR

¡PARAGUAYOS!

¡PUEBLO ILUSTRE DE ANTEQUERA,
DE RODRIGUEZ DE FRANCIA Y DE LOS LOPEZ!

Vuestros Soldados en armas hemos asumido definitivamente en este día la guarda del honor del pabellón, del suelo intangible y de la vida misma de la Patria.
Os lo anunciamos.
Hemos escuchado el mandato imperativo de las gestas solemnes de nuestra historia.
Lo mismo que en el plebiscito armado de las milicias de Antequera, que nos dio el credo definitivo de la formación espiritual de la República; que en la cita de los Cuarteles del 14 de Mayo de 1811, que nos dio la soberanía internacional; que en los sufragios de esos mismos Cuarteles que afirmaron, en José Gaspar Rodríguez de Francia, el juramento colectivo de pervivir en el Río de la Plata como nación intangible e independiente a través de los siglos; que en las Juntas de las Milicias de Asunción de 1842, que engendraron con su espada la nacionalidad mejor gobernada del mundo bajo el idealismo colectivo de su intérprete fiel, don Carlos Antonio López; que en el Plebiscito de los Ejércitos de 1865, que se tradujo en la epopeya nacional de vencer o morir al lado de nuestro vocero irreductible Mariscal don Francisco Solano López, sosteniendo a la faz del planeta el principio de la no intervención como única norma del derecho internacional público americano, que ha de asegurar la convivencia de derecho a todas las naciones libres que integran la humanidad civilizada; lo mismo que en el nuevo plebiscito de vuestros Ejércitos, que acaba de consumarse durante tres años de campaña, a filo de espada, del uno al otro confín de nuestro Chaco inviolable, de barrer de él los detritus de hordas caídas sobre nuestras llanuras indefensas con el designio de arrebatarnos la heredad tricecular que nos amojonaron para siempre desde el Parapití nuestros progenitores Ñuflo de Chaves y sus Soldados en armas, mensajeros de nuestra gloriosa Villa de la Asunción; nosotros ahora venimos, a nuestra vez, a plebiscitar la protesta suprema de todo el pueblo de la República, de todos los hombres y mujeres amantes de su tierra, contra un régimen de bandidos de levita sobornados por el extranjero y de asesinos empedernidos que, a través de varias décadas de violento predominio, ha terminado por constituir el foco infeccioso de los mayores males internos y externos que jamás hayan atacado, con mayor peligro de muerte, la salud moral y material de la República.
Ya no existía patria, sino intereses de partido complotados permanentemente contra la suerte de la colectividad, como. única explicación de la larga hegemonía del grupo de políticos descastados que han arrojado al país al borde de su desaparición.
Toda la nación conoce el proceso de la dictadura descarada y de la industrialización de la política, que ha representado en el Gobierno del Paraguay, desde que se asentó sobre él, el grupo de paraguayos desnaturalizados que equipan la dirección del partido que ahora arroja del poder el brazo armado del pueblo.
No lo reanudamos en este momento, sino como concreción de algunos de sus desenlaces.
El Presidente Eusebio Ayala constituía el cuerpo del delito más acabado que ofrecía a la opinión sana de la República la avilantez sin límites de esa maffia adueñada de todos los resortes del poder.
En connivencia con los mandatarios y hombres dirigentes de 1913, firmó el Tratado Internacional del 5 de Abril de dicho año por el cual se estableció, con el sello de la República, la mentira de que Bolivia se encontraba en sus posesiones de 1907, a sabiendas de su falsedad.
Desde entonces Proclamó la indefensión armada del país como desideratum del llamado pacifismo paraguayo, mientras la invasión de Bolivia proseguía su avance sistemático hacia el río Paraguay.
El premio de esta doctrina derrotista no se hizo esperar. El negociador de aquel tratado infidente apareció investido del papel de máximo lugarteniente de intereses extranjeros que manifiestamente operaban detrás de la invasión boliviana. Se hizo capataz de empresas extranjeras y negrero del siglo XV, al servicio de ellas, para estrangular obreros paraguayos y mercar con las funciones de las más altas magistraturas, mediante pingües dividendos.
Gradualmente esa modalidad del negociador sobornado por el oro extranjero, prendió en todos los círculos dirigentes del régimen, y el derrotismo y la indefensión de la República, ya no fueron teorías del seráfico pacifista que firmó el Tratado Ayala-Mujía, sino el idearium mismo del partido de que era verbo encarnado.
Y vino la expiación de aquel crimen horrendo de complotación contra la seguridad exterior de la propia patria.
La guerra de las tribus se desató sobre nuestro pueblo, maniatado por los esfialtes ocultos en el sátrapa de Puerto Pinasco.
Por un sarcasmo de nuestro destino, era Presidente Generalísimo de los Ejércitos de la Nación que iban a dejar sus huesos en el vivac encendido del Chaco, nido ya de ametralladoras enemigas. Y he aquí que no pasó un día sin que el mandatario entendido con sus patrones extranjeros, no tratase de desbaratar por todos los expedientes a su alcance, las milagrosas victorias del Paraguay resucitado.
Omitamos los innumerables indicios del dolo, pero ahí está el gesto inequívoco de caín, el cuerpo del delito de la infidencia llevada al máximo grado de desparpajo: el ofrecimiento del armisticio a Bolivia, después de la victoria de Campo Vía, para evitar que fuera copado el resto del Ejército invasor.
Todo lo que hizo después hasta el irrisorio protocolo de Buenos Aires, no es sino la coronación del delito continuo de lesa patria, que arranca del Tratado de 5 de Abril de 1913 y termina con las últimas maquinaciones diplomáticas del nombrado presidente, quien pasará a la historia con la infamia de un traficante de la sangre y de la heredad de sus conciudadanos.
Si tal es la obra del jefe de la maffia, en lo internacional, qué decir de su impudencia en lo interior, que batió los records conocidos con su célebre veto de 1922 a la ley que convocaba a elecciones presidenciales, a objeto de permanecer en la primera magistratura, y con su tentativa de reelección en la misma, de que ha sido testigo la República en las últimas etapas de su presidencia.
¡Y es este espécimen de traidor nato a su país, el que logró sobornar con el oro al General paraguayo que le facilitó el armisticio de Campo Vía, para convertirlo en su guardaespalda a sueldo desde el Alto Comando del Ejército; y el que, por lógico desenlace de sus infidencias al Paraguay, se ha atrevido a valerse de este último para seducir a prisión y proscribir del suelo de la Patria, a nuestro único jefe auténtico, el Coronel don Rafael Franco, símbolo y espejo viviente de las más excelsas virtudes que palpitan en las filas de vuestro Ejército Libertador!
Como consecuencia de este atentado, el Presidente Ayala se ha echado en brazos de sus encubridores, los políticos asesinos del 23 de Octubre, responsables criminales y civiles de la masacre de estudiantes de aquella fecha; y proyectaba la destrucción del Ejército Libertador para reemplazarlo con una Guardia Cárcel mercenaria.
No mencionaremos el cuadro angustioso de la desesperación popular, que los vampiros del régimen, anidados en el círculo presidencial, agudizan, de día en día, para fomentar la servidumbre. El hambre golpea todos los hogares. ¡Han muerto en el Chaco 30.000 paraguayos; se han quemado millares de millones de pesos, y la posguerra se debate en una incertidumbre general sobre las soluciones más urgentes que reclaman esa catástrofe internacional traída sobre el país por el régimen, y todas sus consecuencias sobre el presente y el porvenir de la familia paraguaya!
Y se especula sobre el hambre, y el pueblo señala con su dedo a los criminales que quemaron cañaverales para encarecer el azúcar y juegan hasta al alza de precios de los alimentos, respaldados en su impunidad.
No hay un resquicio por donde respirar en la prensa, montada al servicio exclusivo de la maffia gobernarte. Se acabaron todas las garantías constitucionales; fuera de las claques del régimen, los paraguayos son parias, sin derecho de emitir sus ideas, ni de reunirse ni de gozar ninguno de los atributos de la ciudadanía.
Pero todo ello fuese aun soportable, de no acaecer como acaecen nuevos planes de cercenamiento de la soberanía territorial de la República y de frustramiento irremediable de todas las victorias de vuestros Ejércitos en la guerra del Chaco, a que se aprestaban el mandatario infiel y sus cómplices.
A eso no nos resignamos. Un solo día más de inacción, habría sido de nuestra parte una deserción del deber perentorio de asumir la soberanía originaria del pueblo paraguayo, a fin proveer vitales necesidades de su organización y seguridad comprometidas.
Y en este terreno, cumplimos en declarar, a la faz del mundo, que hacemos nuestro el principio de la mayor defensa nacional que registra la Europa contemporánea. “Ningún Estado tiene Juez superior a sí mismo y puede comprometer su porvenir por el bien de otro Estado”.
Decretamos, en consecuencia., que cesan en sus funciones el Presidente de la República doctor Eusebio Ayala y todo el personal de su administración en los tres Poderes del Estado.
¡Paraguayos!
Vuestros soldados en armas os juramos cumplir con nuestra misión: la Nación será restituida al nivel de su historia en el Río de la Plata, al libre dominio de su suelo y a la grandeza de su porvenir.

Asunción, Febrero 17 de 1936.

Teniente Coronel, Dn. F.W. SMITH
Teniente Coronel, Dn. CAMILO RECALDE


Capitán aviador, Dn. Francisco Montanaro, Mayor Dn. Isaías Báez Allende, Mayor Dn. José C. Britos, Mayor Dn. Juan Martincich, Mayor Dn. Leandro González, Mayor Dn. Francisco Andino, Capitán de Fragata Dn. Manuel T. Aponte, Capitán de Corbeta Dn. Néstor Martínez Fretes, Capitán Dn. Federico Varela, Capitán Dn. Federico Jara Troche, Capitán Dn. Alfredo Amarilla, Capitán Dn. Rafael Guerrero Padín, Capitán Dn. Alberto Gustale, Capitán Dn. Hermes R. Saguier, Capitán Dn. Julio R. Cartes, Mayor Rva. Dn. Fidel Ferreira, Teniente 1ro. Dn. César Mallorquín, Teniente 1ro. Dn. R. Bejarano, Capitán Dn. Agapito Céspedes, Capitán Dn. Efigenio Adorno, Capitán Dn. E. López Martínez, teniente Dn. Alfredo Brizuela, Teniente 1ro. Dn. Juan B. Sartorio C., Teniente 1ro. Julio R. Acosta, Teniente Dn. Demetrio Miño, Teniente 2do. Dn. J. Martínez Barrios, Subintendente 2do. Dn. Jorge Thompson Molinas, Capitán Dn. Aureliano Mendoza R., Capitán Dn. Lindolfo González, Teniente 1ro. Dn. Basilio Bogado, Teniente 2do. Dn. Cándido García, Teniente 2do. Dn. Carlos Aguilera Mazo, Subintendente mil. 2da. Víctor Bogado, Teniente 1ro. Rva. Dn. Vicente C. Semidei, Capitán Dn. Octavio Barrios Díaz, Teniente 2do. Dn. F. Jara Méndez, Teniente 1ro. Rva. Dn. Jorge Estigarribia, Teniente 2do. Dn. Alcibiades Varela, Teniente 2do. Dn. Carlos Díaz León, Teniente 1ro. Dn. A. R. Fuster, Teniente 2do. Dn. Luis Aquino, Teniente 1ro. Dn. Edrulfo A. Carballo, Teniente 2do. Dn. Carlos Morel, Maquinista de 2da. Dn. O. Rocholl, Capitán Rva. Dn. Rogelio Benítez, Capitán Dn. Elide Báez, Contador 2do. de Marina Dn. Luis Díaz de Bedoya, piloto aviador Dn. Orlando Salerno Netto, Teniente 2do. de Marina Dn. José Céspedes, Teniente 1ro. de Marina Dn. Lorenzo Díaz Benza, Capitán aviador Dn. Gregorio Morinigo, Teniente 1ro Dn. Juan J. Saccarello, Mayor Dn. Timoteo Aguirre, Teniente coronel Dn. Tranquilino Ortiz Cabral, Teniente 1ro. Dn. Ramiro A. Escobar, Teniente 1ro. Dn. A. Carrillo, Capitán Dn. Juan F. Garay, Teniente 1ro. de Marina Dn. Arnulfo Rojas, Teniente 1ro. de Rva. Dn. Oscar Valdovinos C., Teniente Dn. Manuel Ramos Giménez, Teniente 1ro. de Rva. Dn P. Da Rosa, Capitán aviador Dn. V. Vallejos, Maquinista corbeta Dn. Ramón Gill, Teniente 1ro. aviador Dn. J. Fernández, Teniente 1ro. de Marina Dn. J. Agüero Mora, Piloto aviador Dn. Abel Vera y Aragón, Teniente 2do. Dn. Dionisio Bareiro, Capitán de corbeta Dn. Porfirio Machuca, Teniente 2do. de Marina Dn. Raúl Gutiérrez, Sof. Principal Dn. José Luis Chilavert, Teniente 1ro. Dn. Américo Villagra, Capitán Dn. Fabián Saldívar Villagra, Teniente 1ro. Dn. Cesareo Riquelme, Teniente 1ro de Rva. Dn. Manuel Fernández, Teniente 2do. Dn. Zacarías Servian, Teniente 1ro. Dn. Manuel González R., Teniente 1ro. de Rva. Dn. R. Sotomayor, Capitán Dn. Pablo Giménez y Núñez, Capitán Dn. Eulalio A. Facceti, Capitán Dn. Julio C. Zarza, Teniente 1ro. de Marina Dn. J. Martínez Ramela, Teniente 1ro Dn. Alfredo Martínez Chaves, Teniente 1ro. Dn. Flaviano E. Yegros, Maquinista Corbeta Dn. José Tomás Fiandro, Guardiamarina Dn. Manuel Fleitas Domínguez, Contador 1ro. Dn. F.T. Ramírez, Contador 2do. de Marina Dn. Augusto Rojas González, Contador 1ro. Dn. Gregorio Núñez, Maquinista de 1ra. Dn. Ladislao Montiel, Teniente 1ro. de Marina Dn. Raúl Vera, Teniente 1ro. de Marina Dn. J. Muñoz Chaves, Teniente 1ro. de Marina Dn. Néstor Rodríguez, Teniente 2do. de Marina Dn. Felipe Quevedo, Capitán Dn. Milciades Larrosa, Teniente 2do. de Marina Dn. Hilario Gómez, Maquinista de 1ra. Dn. D. González, Piloto de 2da. Dn. S. Galeano, Teniente 1ro. de Marina Dn. Heraclio Rojas, Teniente 1ro. de Marina Dn. J.A. Sotomayor, Contador de 2da. Dn. Raúl Rolón, Capitán aviador Dn. Juan Doldán, Teniente aviador Dn. Luis Ugarriza, Teniente 2do. aviador Dn. H. Gómez Lezcano, Teniente 2do. aviador Dn. Homero Duarte, Teniente 2do. aviador Dn. Lucio Ayala, Teniente 1ro. aviador Dn. Héctor Vallejos, Teniente 1ro. observador Dn. Juan Amarilla Ortiz, Capitán Dn. Juan B. Montes, Teniente 2do. Rva. Dn. Roberto Argüello, Teniente 1ra. aviador Dn. Martínez B., Teniente 1ro. de Rva. Dn. L. Chilavert, Capitán Dn. Atilio Tellez, Teniente 1ro. Dn. Alfonso V. Campos, Capitán de Rva. Dn. R. Carreras, Teniente 2do. de Rva. Dn. Víctor Martínez, Teniente 2do. de Rva. Dn. J. Durmin, Teniente 2do. de Rva. Dn. D. Enciso B., Teniente 1ro. aviador Dn. Rogelio Etcheverry, Capitán Dn. J. Martínez, Teniente 2do. Dn. Reinaldo Sosa, Capitán Dn. Carlos Antonio Vittone, Teniente 1ro. de Rva. Dn. Pablo Ascurra, Teniente 2do. de Rva. Dn. González N., Armero 1ro. Dn. J. Crichigno, Armero 2do. Dn. J. Ruiz, Teniente 1ro. de Marina Dn. Narciso Echagüe Vera, Capitán Dn. Osvaldo Ortiz, Teniente 1ro. de Rva. Dn. Vicente C. Ramírez, Capitán Dn. Francisco Miranda D., Teniente 1ro. Dn. Iván Mazo Báez, Teniente 2do. Dn. G. Etcheverry, Teniente 1ro. Dn. Quintín Parini, Teniente 1ro. Dn. José Lombardo, Teniente 2do. Dn. F. Achinelli, Capitán Dn. Eustacio Rojas, Teniente 1ro. Dn. N. Jiménez, Capitán Dn. Alfredo Pla, Teniente 2do. C., Dn. J.I. Cristaldo, Teniente 1ro. Dn. Leandro Alderete, Teniente 1ro. Dn. Ramón Servián, Teniente 2do. sanidad Dn. Oscar Brizuela, Teniente 1ro. Dn. J. Garcete, Capitán Ginés Talavera, Teniente 2do. administración Dn. N. González, Teniente 2do. Dn. F. Barrios Acosta, Teniente 2do. Marina Dn. Sergio Recalde, Teniente 1ro. de Marina Dn. Stenio Valobra, Oficial administración 3ra. Dn. Carlos A. Laran, Capitán Dn. Enrique Paat, Teniente 1ro artillero Dn. A. Montanaro, Contador 2do. de Marina Dn. Francisco Rodas, Teniente 1ro. de Rva. Dn. M. Vidal, Teniente 1ro. Dn. Manuel Brítez, Teniente 2do. Caballería Dn. F. Lamas, Capitán Dn. José Rosa Aranda, Teniente 1ro. de Marina Dn. Lázaro Aranda, Capitán Dn. Cirilo A. Rivarola, Maquinista Dn. Pedro Fiore, Teniente 2do. de Rva. Dn. A. Martínez, Teniente 1ro. de Marina Dn. Morinigo Delgado, Teniente 1ro. de Marina Dn. Heriberto Osnaghi, Capitán Dn. Alberto Meyer, Teniente 2do. Dn. Atilio Gómez Zelada, Capitán Dn. Tomás Urdapilleta, Teniente 1ro. Dn. Alfredo Galeano, Teniente 1ro. Dn. Zenón Morinigo, Mayor Dn. Salvador García Soto, Mayor administración Dn. Juan Lisboa, Teniente 1ro. Dn. Pablo F. Silva, Teniente 1ro. Dn. A. Carrillo, Teniente 2do. Dn. Juan A. Mongelos, Teniente 1ro. Dn. Luis A. Baruja, Teniente 2do. de Rva. Dn. Enrique Molinas, Teniente 2do. de Rva. Dn. Pedro Bedoya, Teniente 1ro. de Cab. Dn. Claudio Luis Gutiérrez, Teniente 2do. de Marina Dn. P. Guanes, Teniente 1ro. Dn. Enrique Sánchez, Radiooperador Dn. Felipe Sienrra, Contador de 3ra. Dn. Rafael Laurino, Contador 2do. de Marina Dn. Luis Jara Caballero, Contador 1ro. Dn. Ramón Centurión, Teniente 1ro. de Marina Dn. Sindulfo Gill, Maquinista de 2da. Dn. Eduardo Vega Aramburu, Teniente 2do. de Marina Dn. Raúl Pereira Aguinaga, Radiooperador Dn. Pedro Arrúa, Suboficial mayor Dn. Felipe Parra, Guardiamarina Dn. Víctor Careaga, Suboficial mayor Dn. Antonio Giménez, Contador de 3ra. Dn. César Arce, Teniente 1ro. de Marina H.C. Dn. Eugenio D’Giers, Maquinista de 1ra. Dn. Juan R. Galeano, Teniente 1ro. de Marina Dn. Wenceslao Benítez, Capitán de corbeta Dn. Marcos A. González, Mayor Dn. Antonio E. González, Capitán Dn. Juan Antonio Jara, Capitán Dn. Marcos A. Caballero G., Capitán Dn. Oscar Mora, Capitán Dn. Enrique Velilla.