Metamorfosis liberal


Revisando algunos viejos libros de historia uno se encuentra a veces con sorpresas, cosas que en algún momento no les da importancia, pero en otros, al volver a releerlos, permiten que uno pueda entrever el bosque y no el árbol. Este es un viejo dicho: “Hay que ver el bosque y no el árbol”, que significa que hay que ver el conjunto de las cosas y no sólo un ejemplo que puede llamarnos a engaño; y considero que si uno no conoce la historia no puede apreciar de ninguna manera el bosque.
El 18 de setiembre de 1851, dos compatriotas residentes en Buenos Aires, en pleno gobierno de Juan Manuel de Rosas y a pocos meses de su caída (3-2-1852), redactaron una carta dirigida al gobernante argentino en nombre de los paraguayos expatriados (por lo visto la costumbre de hablar a nombre de los compatriotas es de vieja data), que expresa: “Viva la Confederación Argentina. Mueran los salvajes asquerosos unitarios. Muera el loco traidor salvaje unitario Urquiza. Exposición que elevan los paraguayos que suscriben a Su Excelencia el Excelentísimo Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia, Jefe Supremo de la Confederación Argentina, Brigadier don Juan Manuel de Rosas. Excelentísimo señor: Constituido el Paraguay hace más de 32 años en un calabozo o prisión general de sus hijos, padecen éstos la dura servidumbre de los encarcelados y la desesperación del cautivo que ve a sus semejantes en el goce de la libertad. (…) Hoy que se levanta la rebelión de la turba de Urquiza y se alía a él el pérfido Gabinete del Brasil. Y que nuevos datos adquiridos vienen a asegurarnos la constante disposición de nuestros paisanos y sus votos por unirse a la Confederación Argentina a que pertenecen, nos acercamos a Vuestra Excelencia para decirle: Señor, con el apoyo de 2.000 hombres que silenciosamente y con rapidez marchen por el Chaco hasta Asunción, está infaliblemente tomado aquel punto y todos los paraguayos somos ya de Vuestra Excelencia. Y nosotros nos ofrecemos a marchar en la expedición con cualquier carácter que Vuestra Excelencia nos diese, llevando en nuestra compañía otros paisanos que, como nosotros, no ven la felicidad para nuestra Provincia sino en su reincorporación a la Confederación Argentina bajo el paternal gobierno de Vuestra Excelencia. (…) Somos de Vuestra Excelencia los más fieles, atentos y sumisos servidores”. Firman Fernando Iturburu y Carlos Loizaga. Los firmantes son dos futuros legionarios y prominentes miembros de la masonería. Un solo comentario a esta carta, hay que tener en cuenta que el gobierno argentino hasta ese momento no reconocía nuestra independencia y, como ven, para conseguir sus fines ofrecían convertir al Paraguay en una provincia más de la Confederación, o sea que proponían la desaparición del Paraguay como república.
Ahora bien, Rosas, como expresé más arriba, fue derrocado pocos meses después, pero a los firmantes de la carta, furibundos rosistas, no les cupo la suerte del líder que tuvo que ir al exilio; ellos seguramente en aquel momento habrán querido encontrar la carta que acaban de leer para hacerla mil pedazos, pero se ve no la consiguieron. Entonces de rosistas y federales mazorqueros, automáticamente se transformaron en salvajes asquerosos unitarios urquicistas primero y mitristas sarmientinos después; justamente como lo hicieron, también un 3 de febrero, mágicamente, como el cuento de Pinocho, los estronistas que se convirtieron al amanecer en antiestronistas. Notable la capacidad de adaptación de los padres fundadores del liberalismo paraguayo, que como vemos han sentado cátedra para la posteridad.
Luego de una campaña mediática de constantes ataques hacia los López, en abril de 1865, los ahora convertidos en legionarios, a través de Manuel Peña expresaron: “Vos (por Mitre) seréis nuestro Adalid, nuestra enseña, nuestro MOISÉS. Somos los paraguayos liberales que, en la gran Capital del Sud, vertimos nuestras lágrimas, pidiendo a los Argentinos, Brasileros y Orientales, hagan aparecer la libertad de nuestra patria, de donde se ve fugitiva por espacio de más de 50 años. Sabed que vos sois el predestinado para esa obra redentora…”. Realmente esta carta no tiene desperdicio, tratar de Moisés a Mitre y decir que vierten lágrimas, no sé si es para reír o llorar, o todo junto; y a pesar de que pasó cerca de siglo y medio este escrito aún hace sentir vergüenza ajena.
Como se puede apreciar en estas dos misivas, los padres fundadores se debatían por los favores, primero de Rosas y luego de Mitre, figuras hasta la fecha antagónicas en la historia argentina, tan distintas y difíciles de juntar como el agua y el aceite; pero ellos no entendían estas diferencias, o hacían que no las entendían, porque su meta era derrocar a Francia, a los López o a quien estuviera en el poder, y adueñarse del Paraguay, como finalmente lo hicieron en 1869 (lemas de estos viejos legionarios parece que eran: persevera y triunfarás y miente, miente que siempre algo queda).
El liberalismo, sin ser una ideología es un sistema político que respeta al individuo, que pregona el libre comercio, la libertad de enseñanza, la libertad de culto, la divisiòn de poderes, que respeta las reglas de juego, es constitucionalista e institucionalista, y encuentra en el sistema democrático y en la libertad de informaciòn o de prensa su base de sustentación; pero una cosa es por lo visto el liberalismo y otra los liberales, que declaman los principios pero no los cumplen, ya que en los hechos son más bien fascistas o comunistas, porque, como vemos les encanta vivir del Estado. Entonces no es contradictorio que en 2008 se hayan colgado de la sotana de Lugo, ya que éste desde el púlpito predicaba la castidad pero cuando se bajaba se transformaba en pombero o jasy jatere, según la hora del día, un preclaro modelo liberal. Con razón Chesterton, con meridiana claridad, expresaba: “Creo en el liberalismo, pero no en los liberales” (¿habrá escrito esto después de haber conocido a los liberales paraguayos?).
O sea que, desde sus inicios, a estos dirigentes nunca le alentaron principios, le alentaron más bien fines. Y hoy día hay muchos seguidores del centenario partido que están preocupados por su futuro, hasta hablan de su posible desaparición; esto se ve reflejado en diversas notas de opinión y editoriales de los principales medios asunceños. Pero no hay de qué preocuparse amigos, porque como ven, la historia de este partido nos muestra una capacidad de adaptación a los tiempos que daría envidia a los camaleones: de rosistas federales a mitristas sarmientinos y unitarios; de antibrasileños a proimperialistas; de democráticos a dictadores; de estronistas a antiestronistas y ahora de anticomunistas a comunistas (o socialistas) y vuelta a ser anticomunistas. O sea que el partido seguirá per secula seculorum, no así el liberalismo.
Otro viejo dicho para tener en cuenta: “Se puede engañar a alguno muchas veces, se puede engañar a muchos alguna vez, pero no se puede engañar a todos siempre”.
(Fuente de las cartas: “El doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos”, de José Antonio Vázquez, Ed. Eudeba, 1975)

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